LA PALABRA TERRORISTA

José María Tortosa
Catedrático de Sociología
Grupo de Estudios de Paz y Desarrollo, Universidad de Alicante

 

El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.

Gabriel García Márquez, Cien años de soledad

Terror. m. Miedo, espanto, pavor de un mal que amenaza o de un peligro que se teme.
Terrorismo. m. Dominación por el terror ║ 2. Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror.
Terrorista. com. Persona partidaria del terrorismo ║ 2. adj. Que practica actos de terrorismo ║...║4. Dícese del gobierno, partido etc., que practica el terrorismo.

Real Academia Española, Diccionario de la Lengua Española

Terrorista, según fija el Diccionario de la Real Academia, es un sustantivo (el que lo practica o el que es partidario del mismo) y un adjetivo (como en "ataque terrorista", "banda terrorista" o "gobierno terrorista"). Terrorismo, por su parte, puede ser un estado, una situación, una estructura en la que se practica esa dominación por el terror y puede ser un proceso, es decir, una sucesión de actos en los que se observa la intención de infundir miedo ante un mal o peligro que se teme.

Como con toda palabra, conviene distinguir su significado (denotación) de la connotación que adquiere al situarla en un contexto y de su utilización política en la que el contexto tiene prioridad y se eliminan algunos elementos de su contenido. Como se verá a continuación, la palabra terrorista incluye realidades muy heterogéneas, no tiene una definición en la que todo el mundo esté de acuerdo y es usada por los gobiernos en general y en particular por el de los Estados Unidos y sus satélites de forma algo peculiar aunque no original. A diferencia de la palabra fascista, totalmente devaluada por polisémica, la palabra terrorista, igualmente polisémica, sobrevive sobre todo por el uso que de ella hacen los políticos y los medios que simplifican las cosas aplicándola a realidades muy heterogéneas mientras, tal vez, aparecen nuevas realidades, relativamente recientes, a las que convendría no denotar con la misma palabra.

EXTENSIÓN

Los grupos a los que se les aplica el calificativo de terrorista son muy variados pero no siempre hay unanimidad al hacerlo. Se dice que los Zelotas y los Sicarios judíos practicaron el terrorismo contra los romanos y contra los que consideraban colaboracionistas en el primer siglo de la era cristiana[1]. Los Asesinos -chiítas- lo hicieron en el siglo XI[2], igualmente avant la lettre. De hecho, la palabra terrorista no aparece hasta el siglo XVIII. Robespierre alabó el terror como medio de animar a la virtud revolucionaria y dio paso al Reino del Terror (1793-1794) durante la Revolución Francesa, momento en que surge la palabra terrorismo por primera vez (terrorisme, bajo el terror) y se aplica a lo que después se llamará terrorismo de Estado.

El terrorismo fue ampliamente utilizado durante el siglo XIX como medio, pensaban sus practicantes, de promover el cambio social y político revolucionario. Partiendo de las ideas de Carlo Pisacane sobre la "propaganda de los hechos", diversos grupos pensaron que el acto terrorista era una excelente forma de llevar un mensaje determinado a las masas. Entre los primeros en ponerlas en práctica estuvieron los miembros del grupo populista ruso Narodnaya Volya creado en oposición a los zares en 1878[3]. Se trataría de un terrorismo dirigido contra el Estado.

De alguna forma, el corto siglo XX comienza con el atentado terrorista de Sarajevo contra el archiduque Franz Ferdinand en 1914, pero es también la etapa en la que el terrorismo es practicado con notable frecuencia por los Estados mismos uniéndose a las tradicionales prácticas de grupos subestatales. Los ejemplos son numerosos: en Serbia, en la Alemania y la Italia fascistas, en la II Guerra Mundial, bajo el estalinismo o en las dictaduras del Cono Sur latinoamericano se siguieron las huellas del Terror promovido por Robespierre, es decir, el terrorismo de Estado, sin que por ello desaparecieran los casos de terrorismo subestatal. Pero se discute si la palabra terrorista se puede aplicar realmente a los actos promovidos por el Estado o alguna de sus instituciones (gobierno, policía, ejército), tanto en sus actuaciones hacia el interior como en su proyección internacional[4], que encajen en la definición del DRAE que, por cierto, da por supuesto que sí se puede: el "gobierno que practica el terrorismo" está haciendo, por definición, terrorismo de Estado.

Algunos ejemplos, en cambio, parecen no provocar discusión: Ku Klux Klan, Mau-Mau, Brigate Rosse, Baader-Meinhof, Michigan Militia, Aryan Nation, Sendero Luminoso, ETA, Hamás, Hezbollah, Aum Shinrikyo[5]. Sin embargo, no es frecuente que los integrantes de tales grupos acepten para sí el calificativo de terrorista y preferirán el de insurgente, rebelde, revolucionario, resistente, elegido, luchador (por la libertad, o la independencia, o el proletariado) o, simplemente, el de contendiente (gudari) en una larga guerra asimétrica contra el respectivo Gobierno.

En la actualidad otros grupos son todavía más problemáticos y no todo el mundo estaría de acuerdo en clasificarlos como terroristas. Se trata de los que asesinan personas para evitar que se cacen zorros o defienden, en general, los derechos de los animales o el medioambiente a través de la violencia[6] o asesinan médicos para evitar que practiquen abortos. Se trata de lo que algunos llaman "terrorismos monotemáticos" (single issue terrorism)[7] que se originan tanto en ambientes de la izquierda convencional como de la derecha igualmente convencional y que no pueden ser clasificados por su relación con el Estado. Un ejemplo puede ser Animal Liberation Front. En el caso del aborto, si bien minoritarios y escasos, los hechos son conocidos: la primera bomba con resultados fatales fue en Birmingham, Alabama, en 1998, y se tiene constancia por lo menos de cinco asesinatos relacionados con el tema y, desde 1996, de más de medio centenar de incidentes de vandalismo contra clínicas que practican el aborto en los Estados Unidos[8]. Al igual que los grupos de ecologismo extremo como Earth First!, se trata de grupos con bajo nivel de actividad pero no por ello menos peligrosos.

En España, no hay unanimidad sobre la palabra terrorista aplicada a las amenazas sistemáticas por parte de ETA contra personas hasta hacer necesario el recurso continuo a la protección de guardaespaldas (violencia de persecución, en la terminología de Gesto por la Paz, pero terrorismo de persecución en terminología de otros). Tampoco la hay sobre la "kale borroka", violencia callejera, que otros quieren que se llame "terrorismo urbano". Es obvio que el tratamiento mediático e incluso penal de un caso y otro no es el mismo si se utiliza la palabra terrorista, aunque el hecho de utilizarla no añade información sobre el funcionamiento material del mismo y sí, probablemente, confusión, al mezclar elementos heterogéneos como si fuesen homogéneos.

Al decir de autores poco sospechosos, en la actualidad se sigue practicando el terrorismo por parte de algún Estado, tanto en el sentido de dominación por el terror como en el sentido de sucesión de actos terroristas para amedrentar a una población. El caso más saliente es el del Estado de Israel, por lo menos al decir del Recep Tayyip Erdogan, Primer Ministro turco, en opiniones recogidas por la prensa publicada en Israel[9]. Es, de todas formas, un terrorismo que aparece sólo tangencialmente, en el caso de que aparezca, en las discusiones sobre terrorismo contemporáneas como se puede observar en alguna de las listas que se proporcionan en el apéndice. De hecho, para muchos el único terrorismo digno de tal palabra es el practicado contra un Estado. En cambio, la tortura, los "desaparecidos", los "detenidos fantasma" de Abu Ghraib y, en el caso español, los GAL no son propiamente actividades terroristas. Es, de todas formas, habitual esta propensión a analizar los problemas desde la perspectiva del poder del Estado como si fuese la única posible. Si es cierto que en el Estado reside "el monopolio de la violencia legítima", es comprensible. Pero si lo que se quiere es entender un problema, no es aconsejable.

Confirmando lo dicho con algunos ejemplos, tómese, entre las páginas que se citan al final y cuya selección ya es problemática, la página del Centre de noticies per a la difusió de les Ciències Criminològiques[10]. Entre los grupos terroristas aparece el Ejército Zapatista de Liberación Nacional mexicano que otros clasificarían como guerrilleros, pero no como terroristas. Los "ataques selectivos del ejército Israelí" y la "acción militar contra Bagdad (Iraq)", se clasifican como los dos casos de "ataques preventivos contra países terroristas", que, para otros, no es la clasificación más apropiada[11]. Los "G.A.L." aparecen como "contraterrorismo" y no, como otros pretenderían, como "terrorismo de Estado". Finalmente, entre los grupos terroristas aparecen los "grupos antiglobalización" de los que se enumeran "atentados bomba de los grupos antiglobalización". Los "grupos anticastristas", bajo el epígrafe de "grupos contrarrevolucionarios", serían aceptados como terroristas por el gobierno de Castro, pero no por el exilio cubano[12].

Hay pues dificultades a la hora de incluir o no un determinado caso entre aquellos a los que puede aplicarse la palabra terrorista. Pero no sólo tiene problemas para saber qué casos incluye sino también para concluir qué significa exactamente.

COMPRENSIÓN

Los elementos que componen la definición de la palabra terrorismo no son siempre los mismos. Véase este rápido recorrido cronológico por definiciones de diversa orientación y origen.

Para empezar, la de Luigi Bonanate en el Diccionario de política, dirigido por Norberto Bobbio, y publicado originalmente en 1975:

 “Aunque corrientemente por terrorismo se entiende la práctica política del que recurre sistemáticamente a la violencia contra las personas o las cosas provocando el terror, la distinción entre este último y el terrorismo, representa precisamente el punto de partida para el análisis de un fenómeno que a través de los siglos ha visto aumentar su peso político. Por "terror" se entiende, en efecto, un tipo particular de régimen, o mejor dicho el instrumento de emergencia al que recurre un gobierno para mantenerse en el poder [...] El recurso al terror por parte del que ya detenta el poder dentro del estado no pude, por ejemplo, formar parte de las formas de terrorismo político, el cual en cambio se califica precisamente como el instrumento al que recurren determinados grupos para derroca r un gobierno acusado de sostenerse por medio del terror.”

Como se ve, el terrorismo practicado por el Estado produce, de alguna manera, el practicado por entidades subestatales.

El Hutchinson Dictionary of Ideas (1995) definía terrorismo como:

“Violencia con objetivos políticos por parte, frecuentemente, de pequeños grupos que practican la guerrilla. Los grupos terroristas pueden estar motivados por una gran variedad de diferentes ideologías que incluyen la religión y el nacionalismo. A menudo éstas se combinan (...). Ya que los terroristas, por su propia naturaleza, ignoran los principios humanitarios y las convenciones sociales normales, los gobiernos legítimos están siempre en desventaja en sus intentos por combatirles. Por eso a veces usan métodos (...) ‘para ganar a los terroristas en su propio juego’”

Es una posición opuesta a la anterior: aquí los gobiernos legítimos pueden, ante ataques inhumanos y fuera de toda convención, recurrir a los mismos métodos que los terroristas para conseguir una victoria a la que tienen derecho.

Eduardo Haro Teglen en su Diccionario Político (1995) se sitúa en una vía media añadiendo el elemento comunicativo que ya aparecía en las definiciones de la Real Academia de la Lengua:

“Creación de un clima de pánico por una situación de violencia en la que todos pueden ser víctimas, aun aquellos que participan de las ideas políticas generales de los terroristas (...) Si en el atentado las víctimas están designadas y elegidas en función de su importancia o de su poder, en el terrorismo son colectivas (...) Las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, los bombardeos de fósforo en Hamburgo o de explosivos en Dresde, las V-2 alemanas sobre Londres, todo ello en la segunda guerra mundial, son actos de terrorismo, puesto que se dirigen a destruir, como único objetivo, la moral de las poblaciones (...) El terrorismo que se dirige contra las cosas y no contra las personas, aun con evidente riesgo de hacer víctimas, es considerado principalmente como sabotaje (...) En cualquier caso, el terrorismo es un lenguaje que sustituye al natural cuando éste ha perdido ya todo sentido; como todo lenguaje, pretende actuar o convencer, por vía indirecta (...).”

Iain McLean (Oxford Concise Dictionary of Politics, 1996) adopta una posición algo más escéptica al tiempo que hace notar que nos encontramos ante una palabra con evidentes connotaciones peyorativas:

“No hay acuerdo sobre la definición del término entre los analistas gubernamentales o académicos, pero casi de manera invariable se usa en un sentido peyorativo frecuentemente para describir acciones que amenazan la vida llevadas a cabo por grupos sub-estatales autoorganizados con motivaciones políticas. Pero si tales acciones se llevan a cabo en aras de una causa ampliamente aprobada (...) entonces se evita el término 'terrorismo' y se lo sustituye por algo más suave. En breve, el terrorista de una persona es el luchador por la libertad de otra. El terrorismo, como término peyorativo, se aplica a veces, sin embargo, a las actuaciones de los gobiernos más que a las de los actores sub-estatales (...) El término 'terrorismo patrocinado por el Estado' se usa a veces para describir la conducta de varios gobiernos que organizan directamente o ayudan indirectamente a los que llevan a cabo actos violentos en otros Estados.”

Finalmente, en este breve recorrido por las definiciones, Fernando Reinares (Diccionario de Sociología, 1998) hace las siguientes consideraciones:

“El terrorismo es un tipo de violencia cuyos efectos psíquicos, tales como reacciones emocionales de ansiedad o amedrentamiento entre quienes pertenecen a una población determinada, resultan notoriamente desproporcionados con respecto a las consecuencias materiales, de daño físico a personas o cosas, que provoca. Para que dicha violencia adquiera semejante impacto, además de resultar sistemática e impredecible, destaca por ir dirigida principalmente contra blancos seleccionados en atención a su relevancia simbólica. Blancos cuyo menoscabo los convierta en medio a través del cual canalizar los mensajes y las amenazas que convierten al terrorismo en un mecanismo de comunicación y de control social. Así concebido, el terrorismo puede ser llevado a cabo por actores muy diversos y es posible practicarlo con propósitos bien dispares.”

Algunas de las definiciones parten de la constatación de la dificultad que tiene el empeño de definir la palabra terrorista y la de la multitud de respuestas que se consiguen en el mismo. Otras podrían aplicarse, literalmente, a fenómenos que nadie calificaría como terroristas, como sería la violencia de un hijo psicópata contra su propia familia[13]. Hay, de todas formas, algunos elementos en común que vienen a coincidir con lo ya constatado por Schmidt y Youngman en 1988 al buscar los componentes comunes de las 109 diferentes definiciones que ellos analizaron[14]. Los componentes no han cambiado mucho: en el 83 por ciento de las definiciones aparecía la violencia o la fuerza; en el 65 lo político; en el 51 por ciento el miedo o el énfasis en el terror; en el 47 las amenazas, en el 41 los efectos psicológicos y las reacciones anticipadas; la discrepancia entre los grupos a los que va dirigido y las víctimas aparecía en el 37 por ciento de los casos; la acción intencional, planificada, sistemática y organizada en el 32; y las referencias a métodos de combate, estrategia y táctica en el 30 por ciento de los casos.

La palabra terrorista, entonces, podría referirse a la violencia entre bandos, con propósitos (fines, objetivos) variados, pero siempre con intencionalidad política, que van desde amedrentar al adversario, inmovilizarlo, conseguir que desista en su empeño hasta producir un esquema acción-reacción que agudice la contradicción entre los bandos llevando a la ruptura sea por rendición y cese de las hostilidades, sea por toma de conciencia revolucionaria y aumento de la violencia. De manera sintética se expresaba Joseph S. Nye en diversos periódicos[15]:

"El terrorismo no es algo nuevo ni es un enemigo único. Es un viejo método de lucha que a menudo se define como el ataque deliberado en contra de inocentes con el fin de sembrar el miedo.”

Lo que puede haber de nuevo, dice, reside en la existencia de "instrumentos de destrucción masiva" y en los "cambios en la motivación y la organización". Dicho autor reacciona contra "algunos escépticos [que] sostienen que una persona que para unos es un terrorista, para otros es un libertador, y que, por lo tanto, considerar a la supresión del terrorismo como asunto de bien común global es simplemente una hipocresía por parte de los poderosos que tratan de desarmar a los débiles". Algo debe de haber de eso, y se volverá al tema, cuando se considera cómo la presidenta saliente de Panamá, Mireya Moscoso, aprovechó los últimos días de su mandato en agosto de 2004 para indultar a Luis Posada Carriles, considerado por algunos uno de los más peligrosos terroristas occidentales, y a tres de sus cómplices, al parecer siguiendo presiones estadounidenses[16].

En el libro de Schmidt y Youngman también se avanzaban los elementos de la definición que permanecen sin solución, a saber:

  1. Dónde está la frontera entre terrorismo y otras formas de violencia política[17].
  2. Hasta qué punto el terrorismo de Estado y el terrorismo de resistencia forman parte del mismo fenómeno.
  3. Dónde reside la diferencia del terrorismo por un lado y, por otro, los simples actos criminales, la guerra abierta entre grupos que se la han declarado mutuamente y los actos que claramente se originan en perturbaciones mentales (sicopáticas).
  4. Si el terrorismo es una subcategoría de la coerción.
  5. Si hay casos en los que el terrorismo puede ser legítimo[18] y, en tal caso, qué ganancias o beneficios justificarían su utilización.
  6. Qué relación hay entre terrorismo y guerra de guerrillas[19].
  7. Qué relación hay entre crimen y terrorismo.

De todas formas, estas definiciones "esencialistas" (qué es realmente el terrorismo), si bien pueden permitir una decente carrera académica, no ayudan mucho para entender qué es lo que sucede en el mundo de las "existencias" que, excepto para los platónicos, es el mundo real, no el de las ideas puras. No sirve para mucho, como también sucedió con globalización, encontrar la definición de lo que la cosa es realmente si con eso perdemos de vista el carácter acomodaticio que tienen las definiciones en función de los intereses de quien las hace. Situar la palabra en su contexto histórico y, en ambos casos[20], geopolítico ayuda mejor a comprender qué está sucediendo realmente. Intentar entender no es justificar, ni, mucho menos, ayudar al terrorismo[21]. Pero evitar entender es una buena manera de hacer perdurar el problema. Por eso no es mala idea alinearse con los escépticos de los que habla Nye.

Lo dicho no excluye la importancia de las definiciones de terrorismo. El terrorismo no es sólo una cuestión académica sino, sobre todo, una cuestión operativa y para eso los poderes públicos necesitan algo más que señalar con el dedo: necesitan una definición y acuerdos sobre la misma. En efecto, al tratarse de un fenómeno cada vez más internacional, los gobiernos precisan algún acuerdo internacional mínimo sobre su definición para adoptar políticas comunes por parte de los Estados. Por otro lado, si no hay una definición sobre qué es terrorismo, difícilmente se puede echar en cara a los Estados que lo apoyen o lo practiquen o raramente se pueden pedir extradiciones de "terroristas"[22]. Pero para conseguir esas definiciones operativas, el unilateralismo estadounidense ("es terrorismo lo que yo defino como tal y son terroristas los que yo coloco en una lista ad hoc") no resuelve el problema y, en buena parte, lo agrava al practicar el "pensar localmente y actuar globalmente"[23]... sin pensar en los demás. Ésa es la razón, y no la del "antiamericanismo", para intentar entender a los Estados Unidos: son suficientemente importantes para y en el asunto como para dejarlos de lado. De hecho, se dice, han venido siendo los responsables principales de que Naciones Unidas no disponga de una definición operativa al respecto[24].

USO

Puede resultar interesante, en este contexto, ver cómo han ido evolucionando las definiciones "oficiales" de la palabra terrorismo en los Estados Unidos y esto no sólo por las implicaciones que tiene para la acción de dicho país sino también por la influencia que ha tenido en los que han ido adoptando, de manera más o menos sumisa, esas definiciones oficiales y haciéndolas propias como si fuesen definiciones "esencialistas".

Dos cosas parecen claras y que hacen desconfiar de cualquier "esencialismo": las definiciones han ido cambiando a lo largo del tiempo y, en la actualidad, incluso en plena "guerra contra el terror", no hay unanimidad en las definiciones de las diferentes agencias estadounidenses.

La Escuela de las Américas produjo, en tiempos de la Guerra Fría, un Manual de Terrorismo y Guerrilla Urbana en el que la visión oficial se trasmitía a los "oficiales agentes de inteligencia" que asistían a sus cursos[25]. En su capítulo 6 se dan las características del terrorismo que a continuación se abrevian:

  1. El terrorismo es una forma de lograr el temor. El miedo de la población general le fortalece más que su propia capacidad.
  2. Las víctimas del terrorismo no son necesariamente el objetivo de los terroristas.
  3. El objetivo del terrorista frecuentemente será seleccionado por su valor simbólico.
  4. Los terroristas quieren publicidad.
  5. El éxito táctico y la misión estratégica no están necesariamente relacionados. Una misión en particular puede fallar pero al mismo tiempo puede contribuir a los objetivos de largo alcance.
  6. Los incidentes terroristas frecuentemente son usados como propaganda armada y usan violencia para su valor de impacto[26].
  7. Los ataques terroristas son raramente suicidas. Son profesionalmente planeadas y el terrorista es comprometido y está preparado para morir por su causa, pero normalmente no planean morir en la ejecución de su misión[27].
  8. La cantidad numérica de terroristas normalmente no tiene importancia. Un grupo pequeño, bien organizado, armado, y con buen liderazgo puede causar muchísimo daño[28].
  9. Los sistemas de transporte contemporáneos proveen a los terroristas los medios para incrementar sus ataques en cualquier parte del mundo.
  10. El terror es una forma de guerra efectiva y barata. No es necesario tener una fuerza armada bien equipada para implementar una operación terrorista exitosa.
  11. El terrorismo puede ser usado por un país pobre como su manera de guerra. Puede ser que el terrorismo sea la única manera que un país pobre pueda atacar contra una super-potencia moderna[29].
  12. La mayoría de los terroristas contemporáneos están bien motivados, entrenados y equipados.
  13. En muchos casos los terroristas reciben apoyo internacional. Pueden ser abastecidos con armas, dinero, equipo, inteligencia, y hasta propaganda de otras naciones. La Unión Soviética, Alemania Oriental, Corea del Norte, Cuba, Libia, Irán y Siria son reconocidos por el apoyo que proporcionan a diferentes grupos terroristas.

Los objetivos de largo alcance de la actividad terrorista, según el Manual, serían

  1. Causar un cambio dramático en el gobierno, como el derrocamiento de un gobierno o un cambio significativo en su política.
  2. Causar una campaña de desinformación constante para desequilibrar y desinformar la población en general y el gobierno.
  3. Desestabilizar al gobierno.
  4. Crear un clima propenso a revolución.
  5. Un derrocamiento violento del gobierno por revolución, guerra civil, insurrección o la creación de un conflicto internacional.
  6. Impedir eventos internacionales, tratados o programas.
  7. Establecer una reputación internacional o ganar reconocimiento político, doméstico o internacional.
  8. Establecer enlaces internacionales con otros grupos terroristas o países que apoyan el terrorismo

Hay motivos para adoptar la posición "escéptica" ya citada: si se entiende por revolución algo no necesariamente asociado con posturas de la llamada "izquierda", los 8 objetivos del Manual han podido ser perseguidos por sucesivas Administraciones estadounidenses. Ahora bien, siendo un manual de la Guerra Fría, el terrorismo de Estado (practicado directamente por éste o propiciado por él) se refería sobre todo a la Unión Soviética.

Una vez terminada la Guerra Fría, aunque se mantuvieron ciertas inercias que explicarían errores posteriores, el planteamiento maniqueo, útil por otro lado, dejó de aplicarse y se entró en una fase de incertidumbre sobre el enemigo y el factor explicativo de cualquier terrorismo. Por ejemplo, desde 1994 el Departamento de Defensa había definido terrorismo como

una utilización calculada de la violencia o la amenaza de una acción violenta con el objetivo de coaccionar o intimidar a gobiernos o sociedades persiguiendo objetivos que son generalmente de carácter político, religioso o ideológico”.

El cambio vino en 2001, cuando a la palabra “violencia” se le añadió el calificativo “ilegal” o “ilícita” (unlawful) para que así el gobierno de los Estados Unidos no cayera entre los casos cubiertos por tal definición. Una definición como la recién reproducida situaba a los Estados Unidos dentro de los Estados que practicaban el terrorismo o, por lo menos, como Estado canalla (rogue state). Las narraciones efectuadas por algunos autores sobre las prácticas históricas de los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos[30] hacen pensar, de nuevo, que los escépticos a los que se refiere Nye pueden tener algo de razón al constatar cómo la misma definición se aplica a unos países o grupos, pero no a otros[31]. El caso de Israel, donde antiguos practicantes del terrorismo llegan al gobierno del Estado, es particularmente interesante a este respecto. Pero también el de los mismos Estados Unidos.

Otras agencias estadounidenses habían definido, por su parte, el terrorismo. Así, en 1999, el FBI definía terrorismo[32] como

“el uso ilegítimo/ilegal (unlawful) de la fuerza y la violencia contra personas o propiedades para intimidar o coaccionar a un gobierno, la población civil o cualquiera de sus segmentos, en la dirección de objetivos políticos o sociales”.

Los atentados de 1998 contra las embajadas estadounidenses hicieron aparecer algunas especificaciones que se mantendrían con posterioridad. Así, por ejemplo, en un informe preparado por la División Federal de Investigación en 1999[33], el terrorismo era

“el uso calculado de violencia inesperada, terrible e ilegal/ilícita (unlawful) contra no-combatientes (incluyendo, además de los civiles, a los militares fuera de servicio y personal de seguridad en situaciones pacífica) y otros objetivos simbólicos perpetrado por miembro(s) clandestino(s) de un grupo subnacional o un agente clandestino con el propósito psicológico de dar publicidad a una causa política o religiosa y/o de intimidar o coaccionar a uno o más gobiernos o a la población civil para que acepten determinadas demandas en nombre de una causa”.

En 2001, antes de los sucesos del 11-S, el Departamento de Defensa, en su Diccionario de Términos Militares y Asociados, lo definía[34] como

“uso calculado de la violencia ilegítima/ilegal (unlawful) con la intención de coaccionar o intimidad a gobiernos o sociedades buscando fines que son generalmente políticos, religiosos o ideológicos”.

Las manifestaciones estadounidenses sobre el terrorismo cambiaron de manera notable a partir del llamado "síndrome del 11-S" y, primero, la invasión de Afganistán y, después y de momento, la ocupación militar de Irak[35]. Ahora la "guerra contra el comunismo" personificado en la URSS y que patrocinaba a terroristas, ha sido sustituida por la "guerra contra el terror" personificada en la magnificada Al Qaeda[36]. El terrorismo se ha convertido en central y, además, con la característica de su transnacionalidad que hace que los viejos manuales dejen definitivamente de ser útiles para la comprensión y para el tratamiento del problema.

El documento que parecía resumir esta nueva etapa es la Estrategia Nacional para Combatir el Terrorismo[37], fechado en febrero de 2003 y firmado por George W. Bush como Presidente de los Estados Unidos. El documento consta de tres partes. En la primera se trata la naturaleza de la amenaza terrorista en la actualidad. En la segunda se propone la intención estratégica, la de la victoria en la guerra contra el terrorismo[38]. En la tercera, finalmente, se plantean los fines y objetivos de la estrategia. En esta nueva etapa, "el enemigo no es una persona. No es un régimen político determinado. Ciertamente, no es una religión. El enemigo es el terrorismo" (y ahora viene su definición)

"que es la violencia, premeditada y motivada políticamente, perpetrada contra objetivos no combatientes por parte de grupos subnacionales o agentes clandestinos".

De esta forma, esta definición[39] ya no puede aplicarse a las amenazas contra regímenes (Irak, Siria, Corea del Norte, Irán) proferidas por gobernantes de los Estados Unidos ni tampoco a sus intervenciones militares en cualquier parte del mundo sin ningún respaldo legal internacional ni a las actividades de ningún Estado que "crean un clima de miedo e intimidación" entre los ciudadanos en general y entre determinadas categorías (raciales o políticas) en particular[40].

Las definiciones y la lista de grupos terroristas reconocidos como tales (o que tienen capacidad de actuar como tales) por el Departamento de Estado está en su página web[41]. La inclusión de Batasuna y sus antecesores (aunque todavía no de AuB) fue decidida el 30 de abril y anunciada, aprovechando una visita del entonces presidente José María Aznar a los Estados Unidos, el 7 de mayo de 2003 con efectos inmediatos sobre sus movimientos financieros y concesión de visados[42]. Pero no se pierda de vista que la lista de octubre de 2001 tenía como criterio para incluir a alguien en ella el que "las actividades de la organización tienen que amenazar la seguridad de ciudadanos de Estados Unidos o la seguridad nacional (defensa nacional, relaciones exteriores o intereses económicos) de Estados Unidos". La inclusión de Batasuna, por tanto, ha de ser tomada con cautela en cuanto a sus efectos reales. En todo caso, este criterio parecería indicar que la definición de terrorista sólo se aplica a los que amenazan a los Estados Unidos, definición unilateral donde las haya.

Un documento de menor rango político, pero de mayor calado, es el Informe de la Comisión Nacional sobre los ataques terroristas contra los Estados Unidos también llamado Informe de la Comisión del 11-S (The 9/11 Commission Report). El Informe, obviamente, proporciona la perspectiva estadounidense sobre la cuestión y, aunque hable de una "estrategia global", no se refiere a una estrategia de ámbito mundial sino a la estrategia general y multidimensional que debe poner en práctica la Administración estadounidense. Teniendo eso en cuenta, es interesante que dicha estrategia parta de la siguiente consideración: "El enemigo no es el 'terrorismo'. Es la amenaza que lanza el terrorismo islamista, bin Laden y otros [...]. El enemigo no es el Islam [...] El enemigo va más allá de Al Qaeda para incluir el movimiento ideológico radical inspirado en parte [énfasis añadido: JMT] por Al Qaeda que ha generado otros grupos terroristas y violencia. Por tanto, nuestra estrategia debe hacer que encajen nuestros medios con dos fines: desmantelar la red de Al Qaeda y, a largo plazo, prevalecer contra la ideología que contribuya al terrorismo islamista. La primera fase de nuestros esfuerzos posteriores al 11-S incluyó correctamente la acción militar [...] Pero el éxito a largo plazo exige que usemos todos los elementos del poder nacional: diplomacia, 'inteligencia' [espionaje], acción encubierta, aplicación de la ley, política económica, ayuda exterior, diplomacia pública y defensa del territorio nacional [homeland defense]"[43].

En la línea de reconocer que el enemigo no era el terrorismo se pronunció George W. Bush cuando dijo que "el caso es que con la palabra 'guerra contra el terror' no hemos escogido la apropiada; tendría que ser lucha contra los extremistas ideológicos que no creen en sociedades libres y que usan el terror como un arma para sacudir la conciencia del mundo libre"[44]. Parece una afirmación más aceptable que la que hizo el 14 de diciembre de 2003, después de aprehender a Sadam Husein ("La guerra contra el terror es un tipo de guerra diferente, librada captura a captura, célula a célula y victoria a victoria") o las que hizo después, en particular en el tercer aniversario del 11-S. Por su parte Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa, había definido en su comparecencia ante la Comisión del 11-S el 23 de marzo de 2004 las dificultades que tenía esa "guerra global contra el terror"[45]:

  1. "Primero, es dura porque los ejércitos occidentales han sido organizados, entrenados y equipados para luchar contra otros ejércitos de tierra, mar o aire, no para dedicarse a la caza de terroristas.
  2. Es dura porque salvaguardar el derecho a la privacidad de los individuos hace que sea difícil satisfacer los requisitos para saber quién o qué está cruzando nuestras fronteras o moviendo dinero a través de las redes financieras.
  3. Es dura porque la globalización ha facilitado el acceso a la tecnología de doble uso, fibras ópticas y el conocimiento y materiales para construir armas cada vez más letales."

Las nuevas realidades, a lo que parece, no son "el terrorismo" sino nuevas entidades transnacionales que, con nuevos fines y nuevos planteamientos, utilizan actos terroristas masivos aprovechando la vulnerabilidad de los países enriquecidos.

DISCUSIÓN

Hay algunos puntos que la práctica política y su apoyatura mediática y, sobre todo, tertuliana han presentado con relativa frecuencia y que convendría discutir una vez llegados aquí.

1. El terrorismo sólo es el practicado por entidades subestatales.

No es cierto. El terrorismo lo practican también los Estados y, más recientemente, entidades transnacionales como ha sido el caso de Al Qaeda[46]. Una sencilla tipología de la actividad violenta según sus actores y sus receptores hace aparecer el terrorismo en contextos muy diferentes[47].

 

 

Ejemplos de violencia directa:

 

 

  DESTINATARIO
INDIVIDUO GRUPO ESTADO
AGENTE
INDIVIDUO

Suicidio

Agresión, homicidio, asesinato

Infanticidio

Violencia intrafamiliar

Asesinato "en serie"

Agresión racista

Agresión fóbica

Terrorismo individualista

GRUPO

Atentado, secuestro

Linchamiento

"Pandillismo"

Mutilaciones

Guerra civil

Limpieza étnica

"Pandillismo"

Terrorismo

Guerrilla

ESTADO

Tortura

Cárcel

Pena de muerte

"Desaparecidos"

Terrorismo de Estado

Genocidio

Limpieza étnica

Guerra convencional

Terrorismo internacional

 

 

Se puede discutir si la tortura es terrorismo. Encaja en las definiciones convencionales cuando se busca, mediante ella, amedrentar a una población y más si se da publicidad a los actos perpetrados, como en Abu Ghraib. Los otros cuatro casos de práctica terrorista son menos problemáticos. El terrorismo individualista del tipo practicado por algunos anarquistas en el siglo XIX y principios del XX ya prácticamente no existe. Los otros tres siguen existiendo y se les ha añadido el terrorismo transnacional que no tiene su origen en un Estado sino en una red que va más allá de los Estados por más que tenga santuarios, apoyos y complicidades con algunos de ellos.

2. Todos los terrorismos son iguales

Algún político ha llegado a decir en foros internacionales que no había que hacer distinción entre terroristas ya que todos son iguales y no valía la pena indagar sobre sus causas. No parece una opinión fundada si por causas (de nuevo una palabra polisémica) se entiende aquello que está en su origen o que lo produce[48]. Como también se ha dicho, la práctica terrorista es como la tos: es un síntoma cuyas causas habrá que conocer si se quieren curar[49]. No es lo mismo curar una tos originada por cáncer de laringe que la originada por un resfriado o por una tuberculosis: una aspirina no es lo mismo que la quimioterapia. En tiempos de la Guerra Fría sucedía algo semejante con el comunismo: que servía para ocultar el enfrentamiento por la hegemonía entre los Estados Unidos y la Unión Soviética y, para ello, no se distinguía entre sus diferentes variedades y orígenes.

Otra cosa es, y desde esta perspectiva tiene sentido la intervención del ex-presidente Aznar en la 58 Asamblea de Naciones Unidas, entender por causa no aquello que lo produce sino aquello por lo que se lucha, el objetivo, la causa perseguida, y utilizar esa causa (por lo general, digna) para legitimar el uso de este particular tipo de violencia. Desde este punto de vista se puede estar de acuerdo con tal intervención, siempre que no excluya la necesidad de indagar por las causas (lo que está en el origen) y de distinguir entre causa y causa (lo que se busca o pretende). Conviene recordarlo: entender no es legitimar.

Tendría que ser obvio (a no ser que la política impida la visión) que los objetivos de las acciones terroristas no son siempre los mismos, ni lo son los de los que las llevan a cabo. Descolonización, independencia, revolución, venganza no son la misma cosa. Las legitimaciones para sus actividades no son siempre las mismas: ideológicas (de derechas, de izquierdas o anarquistas), religiosas (todas las llamadas "grandes" religiones han tenido episodios en las que sus doctrinas han servido de legitimación de hechos terroristas[50]) o políticas. Tampoco sus efectos son siempre los mismos: síndrome de Estocolmo, sobrerreacción, enfrentamiento, prevención, anticipación, negociación, resolución son algunas de las posibilidades que se encuentran en la realidad[51]. El plantear el problema como si "todos fuesen iguales" no es la mejor manera de resolverlo[52]. Piénsese, si no, en la dificultad de afrontar con los mismos medios el terrorismo practicado por un Estado contra sus propios ciudadanos o contra los vecinos, el terrorismo practicado por un grupo subestatal contra el Estado y el terrorismo practicado por una entidad transnacional contra grupos enteros de países.

3. El terrorismo es una ideología o un movimiento.

Hay, efectivamente, y como recuerda la definición del Diccionario de la Lengua, movimientos que practican el terrorismo y, por tanto, pueden ser llamados movimientos terroristas, y hay ideologías que defienden el uso de ese particular tipo de violencia y, en consecuencia, pueden llamarse ideologías terroristas. Pero el terrorismo no es ni una ideología ni un movimiento político: es una práctica, una forma de actuar, una táctica, un método[53]. Actos idénticos (como un magnicidio o intento del mismo) pueden ser o no ser terroristas dadas las diferencias ideológicas y de objetivos políticos o ausencia de los mismos[54]. Desde ese punto de vista, no tiene sentido plantear una "guerra contra el terrorismo" si no es por motivos puramente propagandísticos. Podría haber una "guerra" (en un sentido siempre analógico[55]) contra los movimientos que usan el terrorismo o una ofensiva propagandística contra las ideologías que lo defienden o legitiman. La Comisión del 11-S y, posteriormente, el presidente Bush tienen motivos para desdecirse de sus iniciales "guerras contra el terrorismo": El enfrentamiento es con entidades, no con el terrorismo, más cuando se constata la utilización del terrorismo como medio por parte de movimientos supuestamente "no-terroristas". En una página del Ministerio de Defensa Nacional de Colombia el planteamiento es claro: "Las cifras revelan que efectivamente, el terrorismo se ha ido convirtiendo en los últimos años en una de las armas preferidas por guerrilla y autodefensas ilegales en su disputa territorial; por narcotraficantes para librar sus guerras internas, e inclusive por la delincuencia común para extorsionar a industriales y comerciantes y hasta para zanjar pleitos personales"[56]. En todos estos casos, como en el del terrorismo internacional y el estatal, lo que hay que plantear no es su "terrorismo" sino el problema que supone el movimiento o la organización en sí.

4. Sólo algunas ideologías pueden llevar a la práctica del terrorismo

La tendencia a presentar el terrorismo como una ideología o algo contra lo que se puede luchar, puede hacer olvidar que todas las ideologías y religiones (en particular las del Kitab, las del Libro) pueden tener episodios de práctica terrorista. Parece haber suficiente evidencia histórica, incluso reciente[57], para aceptar esta proposición. Como se ha indicado, hasta ideologías poco violentas como el ecologismo o la defensa de la vida del feto han producido casos de terrorismo. La misma ideología, por ejemplo la nacionalista, puede tener fases más violentas (normalmente las de la construcción de la nación o del Estado) y fases menos violentas y eso se aplica tanto a los nacionalismos estatales (el Terror en Francia, Estado a la búsqueda de su nación) como a los nacionalismos subestatales (naciones a la búsqueda de su Estado)[58]. Por eso es aconsejable, para los que quieren reducir la incidencia de este tipo de actos, indagar cuál es la ideología que hay detrás de cada uno de ellos. William Pfaff, juzgando que Vladimir Putin cometía un error achacando la tragedia de Beslán al "terrorismo internacional", error comparable a los cometidos por George W. Bush en el manejo del problema, terminada su artículo[59] diciendo: "El nacionalismo ha sido la fuerza más importante en la historica moderna y ha resistido a todos los totalitarismos y ha sobrevivido a algunos de ellos. Fácilmente se mezcla con el fundamentalismo religioso, que es otra manera de afirmar la identidad. Hace uso del terrorismo porque el terrorismo es el arma del débil. Pero la cuestión es, básicamente, de nacionalismo. Después de todo, ¿cuál ha sido el motor de la política de los Estados Unidos desde el 11-S sino nacionalismo ultrajado?". Lo que es preciso conocer no es la supuesta "ideología terrorista" sino la ideología que subyace a las prácticas terroristas y que puede ser de pura venganza contra algo sucedido con anterioridad[60].

5. El terrorismo sólo lo practican los que están en condiciones de inferioridad

Si lo dicho es cierto, y aun teniendo en cuenta que el terrorismo puede ser la táctica del débil frente al fuerte, la práctica del terrorismo no se limita a los que están en condiciones de inferioridad. Hay casos particularmente complejos, como es el de Chechenia en donde la versión rusa es de "guerra contra el terrorismo" (subestatal) que ataca mediante acciones espectaculares (secuestros, inmolaciones). Pero no son raras las versiones que hablan de terrorismo de Estado (ruso), que usa Chechenia y el independentismo de algunos chechenos por motivos de propaganda, de búsqueda de chivos expiatorios y hasta como forma de satisfacer intereses petrolíferos que enriquecen a los que llevaron a Valdimir Putin al poder[61]. Si el caso es discutible, lo es menos el del golpe de Estado dado por el general Augusto Pinochet y la etapa de terror que le siguió, "bendecidos" por los Estados Unidos como ya consta. La Operación Cóndor, en el Cono Sur latinoamericano, fue practicada por los Estados con el apoyo también de los Estados Unidos y, en particular, de Henry Kissinger[62].

6. El terrorismo es irracional

Decía Albert Einstein allá por 1940: "Sé que es tarea difícil discutir sobre juicios fundamentales de valor. Si, por ejemplo, alguien aprueba, como fin, la erradicación del género humano de la tierra, es imposible refutar ese punto de vista desde bases racionales. Si, en cambio, hay acuerdo sobre determinados objetivos y valores se puede argüir con razón en cuanto a los medios por los cuales pueden alcanzarse estos propósitos". Sobre los juicios fundamentales de valor es, en efecto, difícil discutir, pero eso no convierte a los que defienden unos u otros en irracionales por necesidad, por más que sea imposible refutar a unos y otros mediante el raciocinio. Irracional es cuando los medios que se aplican no llevan a los fines que se persiguen (o se declaran). Si de lo que se trata es de comunicar unas ideas a quien lo lea, el escribir en quechua puede ser perfectamente lícito, pero no lleva al fin declarado. Otra cosa sería que el fin fuera de tipo simbólico y lo que se quisiera fuese una defensa de dicha lengua. El medio (utilizarla) no llevaría al fin anterior (el de comunicarse) pero sí a este fin simbólico y sería racional bajo este supuesto.

Los que practican el terrorismo tienen sus fines declarados (independencia, venganza, revolución, erradicar a la oposición, forzar la emigración[63], cumplir un mandato divino, erradicar a los herejes o infieles etc.) y, entre otros, aplican medios violentos para conseguirlos que pueden ser rechazables, a su vez, por un juicio fundamental de valor sobre el que es igualmente difícil discutir. El juicio sobre su racionalidad, en cambio, es un juicio sobre la adecuación entre esos medios y esos fines. Normalmente (lo reconocía el Manual de la Escuela de las Américas), el fin, aunque sea táctico, se alcanza. En general, antes de calificar a los terroristas de irracionales (que, por supuesto, también los hay), es preciso haber indagado sobre sus fines, que pueden ser no los declarados (siempre gloriosos) sino que pueden ser de otro tipo menos presentable (fines mafiosos, cercanos al banditismo)[64].

Los fines de Al Qaeda, algunos de los cuales se van logrando gracias a la ayuda que ha supuesto la ocupación de Irak, no son nada vagos: unificación política de la umma, la comunidad de creyentes, reordenar y reorientar los Estados con fuerte implantación musulmana, como Arabia Saudita o Pakistán, y, como buenos wahabitas y salafistas, revigorizar y purificar el Islam[65]. De todas maneras, cuando se analizan los objetivos perseguidos por Al Qaeda no deberían excluirse los que se refieren a la simple venganza. Excluirlos impide ver la parte de responsabilidad que recae en Occidente en general y en los Estados Unidos en particular[66]. Suleiman Abu Ghreith, uno de los portavoces de Al Qaeda, era explícito a poco del 11-S y la prensa estadounidense lo sigue recordando[67] aunque no se valore suficientemente. Al Qaeda se autoadjudica el "derecho" a matar cuatro millones de estadounidenses, incluyendo "dos millones de niños, y a exiliar dos veces dicha cantidad y a herir y dejar inválidos a cientos de miles". Ése es el cálculo que hacen de lo que los Estados Unidos han hecho a los musulmanes, razón por la que "los estadounidenses todavía no han experimentado de nuestras manos lo que nosotros hemos experimentado de las suyas; no hemos alcanzado la paridad con ellos". Se podrá decir que los fines son terribles y los medios espantosos, como terribles y espantosos son los hechos contra los que reaccionan, pero no se puede decir que esos medios (incluidos los nucleares, especialmente terroríficos) no lleven a esos fines. Pero si es así, tal vez no estemos ante un nuevo tipo de terrorismo sino ante una nueva cosa a la que, a falta de otra palabra, se llama terrorismo o se la señala con el dedo. Evitar esta cosa es todavía más difícil que las formas anteriores.

7. Terrorista es masculino

Tal vez fuera así, pero ya no lo es tanto. En paralelo con la irrupción de modelos cinematográficos femeninos violentos (desde Tomb Rider a Kill Bill pasando por Catwoman o las Chicas de Charlie) y con la presencia y exhibición de torturadoras (tal vez con intención terrorista) en Abu Ghaib[68], es notable la nueva presencia de la mujer entre los terroristas y en papeles activos que nada tienen que ver con los más tradicionales que les atribuía el Manual de la Escuela de las Américas ya citado. El porcentaje sigue siendo bajo (probablemente no exceda el 20 por ciento), pero también se ha hecho notar que la presencia femenina es aquí mayor que entre los criminales y que su número crece, como crece el de las suicidas. El ataque suicida se remonta por lo menos al siglo XI con los Asesinos[69]. Sin embargo, el ataque suicida femenino es muy reciente y el primer caso conocido es de 1985[70], aunque probablemente los hubo con anterioridad, por ejemplo durante la independencia argelina en la confrontación entre los actos terroristas de la O.A.S., del FLN y los practicados por el Estado francés en los años 60.

8. La "guerra contra el terror" sólo se da en una dirección

Esta es, probablemente, la pretensión más curiosa. Es conocida su teorización que hacen algunos movimientos terroristas sobre la acción-reacción, es decir, el uso del terrorismo para provocar una reacción por parte del contrario que genere mayores cotas de conciencia y de militancia en el propio. Una reacción excesiva (mediante tortura, decisiones legales de difícil justificación, represión) puede producir más adeptos a la "causa". Sin embargo, lo que es curioso es que se suponga que las acciones contra los movimientos terroristas no vayan a producir una reacción en los mismos[71]. El caso de la ocupación de Irak, al decir de muchos comentaristas, amén de su fracaso[72], encaja en este epígrafe: la ocupación de Irak ha conseguido más adeptos a la causa de la violencia, con proliferación de células que sólo en parte tienen que ver con Al Qaeda[73]. Si hay "guerra", incluso si es en sentido analógico, habrá acciones en las dos direcciones[74]: no es de extrañar que un bando reaccione ante las acciones del otro, y eso es válido para los diferentes bandos existentes, y más si, como diría Paul Krugman, "esta guerra crea más enemigos que los que mata"[75].

CONCLUSIÓN

Como se ha visto, no hay acuerdo en las definiciones de la palabra terrorista ni siquiera dentro de la misma Administración estadounidense. Tampoco en el sistema de Naciones Unidas. El lenguaje que se utiliza no es inocente. Tiende a hacernos ver la realidad en una determinada forma o a impedir que la veamos de otra. Las definiciones que se utilizan reflejan momentos históricos concretos y posiciones particulares ante este tipo de violencia, como la de los Estados Unidos defendiendo al gobierno de Israel. El asunto es importante porque parece claro que la palabra terrorismo va a tener, en los Estados Unidos y satélites, la función que en su día tuvo la palabra comunismo y con la misma aplicación práctica (había comunismos buenos y comunismos malos, es decir, coincidentes con los intereses de los Estados Unidos y no coincidentes con dichos intereses[76]).

La idea viene sugerida por la tercera edición del Committee on the Present Danger (Comité sobre el Peligro Actual)[77]. La ”única misión” de este Comité, dado a conocer en una conferencia de prensa en el Capitolio, sede del Poder Legislativo, sería ”promover políticas dirigidas a ganar la guerra contra el terrorismo mundial, perpetrado por radicales islámicos opuestos a la libertad y la democracia”. Joe Lieberman (ex-candidato a la vicepresidencia) y Jon Kyl, dos de sus más conspicuos promotores, lo dejaban claro en un artículo en el Washington Post[78]: "Demasiadas personas no son suficientemente conscientes de los perversos designios mundiales de nuestro enemigo, que incluyen la jihad (guerra santa) contra todos los estadounidenses y el restablecimiento de un imperio totalitario religioso en Medio Oriente”. Y añadían, de interés para lo que aquí se está discutiendo, que "La pasada lucha contra el comunismo fue, de algún modo, diferente de la actual guerra contra el terrorismo islámico. Pero la solidaridad nacional e internacional necesaria para prevalecer contra ambos enemigos es la misma”. En la rueda de prensa que siguió a la presentación en el Capitolio, Lieberman (judío pro-Israel, como es sabido) afirmaría que el objetivo del Comité es “formar un ejército bipartidista de ciudadanos pronto para librar una guerra de ideas contra nuestros enemigos terroristas islámicos, y enviar una clara señal de que su estrategia de engañar, desmoralizar y dividir a Estados Unidos no triunfará”.

Sin embargo hay motivos para pensar, con independencia de lo bienintencionada que pueda ser esta iniciativa, que se están falseando los datos de manera sistemática y que la propaganda es más importante que los hechos ahora como en tiempos de la Guerra Fría[79] y que la situación interna pesa más que la pretendida amenaza exterior, real pero posiblemente magnificada con propósitos orwellianos[80]. De todas formas esta nueva "guerra" tiene alguna característica más que la diferencia de la vieja "guerra contra el comunismo": el seguidismo de los países europeos y de la Unión Europea ya no es lo que era y han aparecido otras cuestiones de fondo que hacen la situación bastante diferente[81].

No es descabellado acabar sugiriendo que se procure evitar el (ab)uso de la palabra terrorista: por motivos intrínsecos (tiene problemas de definición, extensión, comprensión y manipulación) y por motivos geopolíticos (puede suponer una colaboración con la política interior de los Estados Unidos). Cada caso es un mundo y cada caso tendría que ser abordado en sus propias características, sus propias causas y los propios pretextos que aparezcan en esas acciones violentas. Los que perpetraron la matanza de Atocha no se pueden identificar con Al Qaeda. Ni los separatistas chechenos[82]. ETA tampoco. No parece recomendable, ni de cara al entendimiento del fenómeno ni de cara a las decisiones a tomar ante él, el meterlos en un cajón de sastre bajo la palabra terrorista; ni siquiera bajo la palabra Al Qaeda. Las cuestiones relativas a la prevención y contención del terrorismo no se plantean de la misma forma con una entidad transnacional que con una subestatal, ni ambas tienen los mismos problemas de prevención que el terrorismo de Estado. Se puede dialogar e incluso negociar con movimientos terroristas subestatales[83] según el modelo "paz por territorios" o "paz por reconocimiento de derechos" o cualquier otro, pero ya no es tan fácil negociar con el terrorismo transestatal y resulta complicado individuar quién tendrían que negociar con quién en el caso del terrorismo de Estado. La palabra terrorista, con sus connotaciones negativas y su aplicación discrecional, no añade conocimiento ni añade capacidad de afrontar los problemas concretos y tiene el peligro legitimar otro tipo de intervenciones políticas en la vida democrática[84], de reducir la solución de algunos de éstos a lo meramente policial o militar, siendo así que muchos de ellos no la tienen, o a una vaga y genérica "guerra contra la pobreza"[85] que tampoco resulta de "análisis concretos de situaciones concretas" que es lo que se precisa no para legitimarlo sino para entenderlo y, por tanto, para capacitarse para resolver el problema.

El informe de la Comisión del 11-S iba en esa dirección. Pero también lo iba la Revisión Estratégica de la Defensa, publicada por el Ministerio de Defensa español en enero de 2003. Es cierto que, siguiendo el síndrome del “11 de septiembre”, se ponía al terrorismo exterior y las armas de destrucción masiva como uno de los grandes riesgos, junto a cuestiones medioambientales, migratorias, cibernéticas etc. Pero añadía (pág. 57): “En la nueva concepción de seguridad, la prevención es la acción encaminada a evitar que las tensiones, inestabilidades y crisis, den lugar a conflictos y, en caso de que éstos se produzcan, tratar de contenerlos en sus primeras fases y en sus lugares de origen (…). En este sentido, se debe actuar en el momento oportuno y de manera ad hoc ante situaciones específicas, mediante una adecuada combinación de instrumentos políticos, diplomáticos, económicos y militares"[86].

La historia de España muestra, como en el caso de la Mano Negra o del pistolerismo catalán, que la misma actividad terrorista puede tener agentes muy diferentes entre sí al estar muy difuminadas las fronteras prácticas entre revolucionarios, anarquistas, policías, paramilitares pagados por los empresarios, paramilitares en connivencia con la policía, sicópatas, fascistas y simples delincuentes. A mayor abundamiento, hay dudas razonables sobre quiénes son realmente los agentes y los promotores de tales actos. En muchos casos, no tiene por qué haber cambiado ese mundo subterráneo y la cita de la Revisión Estratégica de la Defensa se aplica mejor que las simplificaciones perpetradas por algunos políticos cuyos orígenes inmediatos y remotos son fácilmente localizables.

Por lo que se refiere a pactos entre partidos políticos, es posible que tenga sentido distinguir entre terrorismo originado en el interior y terrorismo originado en el exterior o terrorismo internacional. Responden, efectivamente, a movimientos y organizaciones muy diferentes entre sí. Pero en el primer caso, si no se le quiere llamar "pacto anti-ETA" y se mantiene la palabra terrorista ("pacto antiterrorista"), incluso bajo el título de "pacto contra el terrorismo de ETA"[87], habría entonces que incluir no sólo medidas para prevenir, evitar, contener y reprimir (por ese orden) las actividades terroristas de ETA sino también las del Estado ya que no sería coherente no prevenir y no evitar la tortura o el terrorismo de Estado, factor a considerar en el análisis, aunque no causa, del terrorismo de ETA. Todo esto en el caso de que de lo que se trate realmente sea de actuar contra el terrorismo de ETA y contra todo terrorismo, "dominación por el terror" o "sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror" según el Diccionario de la Real Academia Española.

 

 

 

CRONOLOGÍAS, CLASIFICACIONES Y DESCRIPCIONES

Centre de noticies per a la difusió de las Ciències Criminològiques
www.borrull.org/s/directori_terr.htm

Enciclopedia Libre Universal en Español
http://enciclopedia.us.es/index.php/Terrorismo

Mafia y terrorismo en la segunda mitad del siglo XX
www.paralibros.com/passim/sumario/terroris.htm

Artículos y páginas sobre el terrorismo internacional
terrorismoweb.tripod.com/

Cronología del terrorismo
www.crimsonbird.com/terrorism/timeline.htm

Terrorismo (Senado estadounidense)
www.geocities.com/CapitolHill/Senate/7345/ensayos/terrorismo.htm

Noticias sobre terrorismo (En inglés y en hebreo)
www.debka.com/section.php?cid=15

Prensa veraz (HonestReporting, para una versión imparcial sobre Israel)
http://www.prensaveraz.com/a/about.asp

Versión palestina, en inglés
electronicintifada.net/new.shtml

Noticias alternativas (Palestino-israelí)
www.alternativenews.org/

Terrorismo contra Cuba (Granma)
www.granma.cubaweb.cu/miami5/terrorismo/cronologia/

Respuesta al terrorismo (Embajada de los Estados Unidos)
www.embusa.es/irc/cronologia.pdf

La CIA y el terrorismo de Estado en América Latina (Patria Grande)
www.stormpages.com/marting/laciayel.htm

Terrorismo en España (con links a las páginas de El Mundo y El País sobre ETA)
http://eugenio-prof.chez.tiscali.fr/Chato/DESCUBRIR/EtaFranco/Eta.htm

Cronología del nacimiento de los GAL (El Mundo)
www.el-mundo.es/nacional/gal/marey/crononacimiento.html

 

 



 

[1] "A finales de la época del Segundo Templo", se dirá en una sombría entrevista, cargada de presagios hacia el futuro inmediato de Israel, con Avshalom (Abu) Vilan, uno de los fundadores de Paz Ahora y parlamentario en el Knesset por Yahad-Meretz. Véase Ari Shavit, "The coming civil war", Ha'aretz (Jerusalén), 21-VIII-2004.

[2] Aparecen, junto a referencias al terrorismo con armas de destrucción masiva que actúa por pura venganza, en la novela de Dan Brown, Angels and demons, 2000 (Próxima publicación en español, después del éxito de la siguiente novela escrita por este autor, El código da Vinci).

[3] Con ellos comienza, según David C. Rapoport, la primera oleada de actos terroristas, la de origen anarquista. Después vendría la anticolonial, la de la nueva izquierda y, finalmente, la religiosa. Pero son oleadas que coexisten en la actualidad y que no dejan ver los antecedentes en el terrorismo de Estado francés en el que también se habló de "terrorismo lingüístico" a propósito del Abbé Gregoire y las políticas de uniformización lingüística durante la Revolución Francesa. José María Tortosa, El patio de mi casa. El nacionalismo en los límites de la mera razón, Barcelona, Icaria, 1996. Véase la contribución de Rapoport en VV.AA., El nuevo terrorista islamista. Del 11-S al 11-M, F. Reinares y A. Elorza comps., Madrid, Temas de Hoy, 2004. Ese enfoque tampoco permite percatarse de la novedad radical que suponen las actividades de movimientos como Al Qaeda: su diferencia específica podría hacerlos no clasificables en el género de los anteriores.

[4] Una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas de 1979 decía: "Exhorta a todos los Estados a que cumplan con la obligación que les impone el derecho internacional de abstenerse de organizar o instigar actos de guerra civil o actos de terrorismo en otro Estado o de ayudar a cometerlos o participar en ello, o de consentir actividades organizadas dentro de su territorio encaminadas a la comisión de dichos actos".

[5] Un síntoma de la influencia de los Estados Unidos: "En los medios de comunicación japoneses la palabra 'terrorista' sólo se vinculó a la Verdad Suprema cuando Estados Unidos la incluyó como único grupo japonés en la lista de 25 organizaciones terroristas del mundo, encabezada por 'Al Qaeda', tras los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington", Agencia EFE, 20-III-2002.

[6] Llamados "ecoterroristas" por el FBI: Cédric Gouverneur, "Les guérilleros de la cause animale", Le Monde diplomatique, agosto de 2004. Siguiendo con el abuso de la palabra terrorista, a finales de agosto de 2004 se utilizó en España la expresión "terrorismo forestal" para referirse a algunos de los numerosos incendios forestales que se sucedieron en aquel momento.

[7] G. Davidson (Tim) Smith, "Single issue terrorism", Commentary. A Canadian Security Intelligence Service, nº 74, 1998.

[8] Frederick Clarksonm, "Anti-abortion terrorism threatens all Americans", Women's E-News (www.womensenews.org), 13-II-2002.

[9] Hannoch Marmari, "Longtime ally slams Israel for 'state terrorism'", Ha'aretz (Jerusalén), 6-VI-2004. También Lev Grinberg (Director del Humphrey Institute for Social Research en la Universidad Ben Gurion), "Israel's State Terrorism", Tikkun Magazine (Comunidad Tikkun, Berkeley), 1-IV-2002. Afirmarlo no excluye reconocer el carácter terrorista de los atentados palestinos, pero sí hace ver la ambigüedad de exigir a Arafat que "condene el terrorismo" (palestino) y lo combata, sin hacer referencia al otro terrorismo que le mantiene confinado o practica "asesinatos selectivos".

[11] Recuérdese que el ejército estadounidense es entrenado por el israelí en este tipo de contrainsurgencia urbana. Margot Dudkevitch, "IDF teaches US soldiers guerilla response", The Jerusalem Post, 18-VIII-2004. El motivo de fondo parece claro: el ejército israelí observa que el ejército estadounidense no está preparado para este tipo de situaciones y teme, con su gobierno, que la mala gestión del caso iraquí, en lugar de mejorar las perspectivas israelitas, las empeore. Véase Amos Harel, "Disquiet on the eastern front", Ha'aretz (Jerusalén), 21-VIII-2004.

[12] La web del periódico Granma (órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba) tiene una sección dedicada al antiterrorismo según su propia versión: www.antiterroristas.cu/

[13] La diferencia entre el psicópata y el delincuente está en que éste persigue fines concretos. Está, por ejemplo, la violencia del mafioso que busca convencer así a empresarios para que paguen por conseguir "protección" del grupo mafioso contra la violencia amedrentadora practicada por éste. Véase Vicente Magro Servet (Presidente de la Audiencia Territorial de Alicante), "Delincuencia psicópata", Información (Alicante), 15 de agosto de 2004. La diferencia entre el delincuente y el terrorista está en que éste aplica unos medios (que pueden ser los mismos o parecidos, como el llamado "impuesto revolucionario") para lograr unos fines políticos.

[14] Alex P. Schmidt y Albert I. Youngman y otros, Political terrorism, SWIDOC, Amsterdam, Transaction Books, 1988. Boaz Ganor, “Defining terrorism: Is one man's terrorist another man's freedom fighter?”, http://terrorismoweb.tripod.com/terror1.htm.

[15] Joseph S. Nye, "La lucha contra el 'nuevo' terrorismo" apareció desde en Los Tiempos (Cochabamba) 26-VII-2004 hasta, con algo de retraso, en El País (Madrid) 5-VIII-2004.

[16] El artículo de Ignacio Ramonet al respecto ("Terroristas sueltos", La Voz de Galicia, 3-IX-2004) comienza precisamente diciendo que "al parecer, no todos los terroristas son iguales".

[17] El lenguaje periodístico no ayuda a las distinciones, a veces porque refleja casi mecánicamente el lenguaje interesado y simplificador de los políticos. Un artículo en Le Monde (París) sobre el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate argelino usa en el titular las palabras "violencias cotidianas", pero después, en el texto, toma como actividad terrorista un enfrentamiento propio de las guerrillas o un sabotaje a una central eléctrica ("L'Algérie vit au rythme de violences quotidiennes", 20-VIII-2004). El uso excesivo de la palabra terrorista no ayuda a entender los problemas. Tampoco ayuda ni siquiera a la gestión de la violencia: no es lo mismo prevenir o reprimir un sabotaje que un atentado que un falso control de carretera contra militares. Desgraciadamente, las fronteras entre atentado y sabotaje no siempre están claras, como sucedió en el frustrado caso en la línea Bolonia-Florencia planificado, al parecer, por grupos "anarco-insurrecionalistas" para el 15 de agosto de 2004: "Ferragosto, fallito sabotaggio sulla linea Bologna-Firenze", La Reppublica (Roma), 21-VIII-2004.

[18] Respuesta afirmativa en Lawrence Smallman, "Palestinian terror - morally justified", Aljazeera, 20-VIII-2004, english.aljazeera.net/NR/exeres/B2B64712-ADEE-4CD8-88BA-7DD50A476002.htm, entrevistando a Ted Honderich, profesor de filosofía en el University College de Londres. Es una posición minoritaria.

[19] En teoría, el acto terrorista va dirigido contra objetivos civiles generalmente, mientras que las guerrillas enfrentan, por lo menos, a un ejército y a grupos armados. Pero como muestran sucesivas masacres en Chiapas (Acteal) o en Colombia, la frontera no está tan clara y la relación tiene que ser estudiada sobre todo cuando no resulta evidente quién ha sido el que ha producido la matanza.

[20] Para el caso de la palabra globalización y su paulatina desaparición en el uso mediático y académico, véase José María Tortosa, "Globalización, culturas y hegemonía", VV.AA., Actas del I Congreso Hispanoamericano de Educación y Cultura de Paz, F.A. Muñoz y otros eds., Granada, Universidad de Granada, 2003, págs. 71-83.

[21] Amando de Miguel, “Los que ayudan a los terroristas”, La Razón (Madrid), 2-XII-2001.

[22] Roberto Toscano, "Por una definición del terrorismo", El País (Madrid), 3-VII-2002; John V. Whitbeck, "'Terrorism': A world ensnared by a word", International Herald Tribune (París), 18-II-2004.

[23] José María Tortosa, "Los Estados Unidos frente al terrorismo: Una respuesta local a un problema mundial", Revista Facultad de Derecho Universidad de Granada, 7 (2004) 21-47.

[24] Hay, eso sí, definiciones de cara a cuestiones puntuales como el "Convenio internacional para la represión de la financiación del terrorismo", aprobado por la Asamblea General en la resolución 54/109, el 9 de diciembre de 1999. Entró en vigor el 10 de abril de 2002. A pesar de carecer de una definición consensuada sobre el problema, existe, en el sistema de Naciones Unidas, un Comité Contra el Terrorismo creado a poco del 11-S y bajo su impacto, 28-IX-2001 (http://www.un.org/spanish/docs/comites/1373/).

[25]Disponible en edición del Equipo Nizkor en http://www.derechos.org/nizkor/la/libros/soaGU. El texto tiene algunos problemas pues, por ejemplo, sitúa a William (sic) Tell en Suecia, que es un problema de traducción. Pero no es un problema de traducción decir que "el papel que desempeñan [las mujeres] es mayormente confinado a la recolección de inteligencia, mensajeros, enfermeras o personal médico, y en el mantenimiento de las casas de albergue terroristas". Sobre el papel de la Escuela (hoy Western Hemisphere Institute for Security Cooperation) en la promoción del terrorismo (de Estado), véase George Monbiot, "Backyard terrorism. The US has been training terrorists at a camp in Georgia for years - and it's still at it", The Guardian (Londres), 30-X-2001. También Frederick Gareau State, Terrorism and the United States - >From Counterinsurgency to the War on Terrorism, Londres, Zed Books, 2004 y Peter Rothberg, "Teaching torture", The Nation, 19-IX-2004 (http://www.thenation.com/blogs/actnow?bid=4)

[26] Las torturas en Abu Ghraib no entran como tales en este epígrafe, pero una de las posibles interpretaciones de la toma de fotografías es precisamente que iban a ser utilizadas como propaganda y como medio de aumentar el impacto, aunque también pudieron ser tomadas como trofeo después de un safari.

[27] Éste es otro cambio en la percepción del fenómeno.

[28] Conviene recordar este punto cuando se leen noticias sobre detenciones de miembros de ETA. El título de un comentario periodístico a propósito de otros lugares, incluyendo el ataque suicida, era ya significativo a este respecto: “This litany of carnage explodes the myth that terrorism can be easily defeated,” The Independent (Londres), 19 de mayo de 2003.

[29] No por tener más y mejor armamento se tiene mayor seguridad frente a los ataques de un país pobre. Para muchos, en este caso la mejor defensa es la prevención.

[30] William Blum, Rogue state: A guide to the world's only superpower, Monroe, ME, Common Courage Press, 2000; Clyde Prestowitz, Rogue Nation: American unilateralism and the failure of good intentions, Nueva York, Basic Books, 2003; Andrew J. Bacevich, American Empire, Harvard University Press, 2003.

[31] No es excepcional. No vendría mal, a este respecto, que el establishment estadounidense dedicara tantos esfuerzos a promover la democracia en su propio país como los dedica a promoverla selectivamente en otros. Por ejemplo, en el caso de la selección, la "democratización" de Irak tendría que haber sido precedida por la democratización de Kuwait y Arabia Saudita. Sobre la democracia estadounidense, véase José María Tortosa, Democracia made in USA, Barcelona, Icaria, próximo.

[33] Rex A. Hudson, "The sociology and psychology of terrorism: Who becomes a terrorist and why?", Washington, Library of Congress, Federal Research Division, septiembre 1999.

[35] José María Tortosa, La guerra de Irak: un enfoque orwelliano, Alicante, Universidad de Alicante, 2004. Para ver que hay un cambio de percepción del terrorismo que tiene que ver con cambios más profundos en el funcionamiento del sistema mundial, lejos ya del neoliberalismo, Shimshon Bichler y Jonathan Nitzan, "Dominant capital and the new wars", Journal of World-Systems Research, X, 2 (2004) 255-327 (http://jwsr.ucr.edu/archive/vol10/number2/pdf/jwsr-v10n2-bandn.pdf). Para una perspectiva más general, pueden verse los ensayos de Andre Gunder Frank, bajo el epígrafe del "Nuevo Orden Mundial", en su página web: http://rrojasdatabank.info/agfrank/new_world_order.html.

[36] Se podría decir que este terrorismo está patrocinado por Arabia Saudita: Ideológicamente, dicho país es la cuna del wahabismo, versión del Islam predominante en Al Qaeda; personalmente, son muchos los saudíes que militan en dicha organización, desde Osama bin Laden a los suicidas del 11-S; económicamente, el apoyo está documentado. Sin embargo, estas consideraciones no parecen ser dominantes en la construcción del enemigo, probablemente gracias a la larga tradición de colaboración entre los dos países que se remonta a la creación de Aramco, la empresa petrolera (Véase Craig Unger, House of Bush, House of Saud: The secret relationship between the World's two most powerful dynasties, Nueva York, Scribner, 2004) y a la actuación directa de la Administración Bush (Michael Isikoff, "A case not yet closed", Newsweek, 13 de septiembre de 2004, a propósito del libro del senador Bob Graham, Intelligence Matters). Alfredo Jalife-Rahme ("De Chechenia a Indonesia: el 'terrorismo geopolítico'", La Jornada (México), 12 de septiembre de 2004) recogía que "en forma extraña, Pravda da cabida a un artículo desestabilizador del estadunidense Joseph John Hrevnack "Al Qaeda no existe y nunca ha existido" (19 de agosto): 'Se trata de un enemigo manufacturado que ha sido creado por la administración Bush como justificación para librar una guerra por el control de los recursos mundiales de petróleo'". No es el único que piensa que Al Qaeda es una invención. Otros, en cambio, aseguran que después de haber detenido unos 3.500 de sus militantes, la organización asciende a unos 70.000 en todo el mundo: Raymond Whitaker, "Chilling warning on day of tears: 70,000 al-Qa'ida terrorists at large", The Independent (Londres), 12-IX-2004.

[38] Otra cosa es que el verdadero objetivo sea esa "guerra contra el terrorismo". Son muchos los que lo dudan: Michael Meacher, "This War on Terrorism is Bogus. The 9/11 attacks gave the US an ideal pretext to use force to secure its global domination", The Guardian (Londres), 6-IX-2003.

[39] Coincide con la que aparecía, un año antes, en una publicación del Departamento de Estado (Patterns of Global Terrorism, 2002) en la que se añadía la coletilla de "usualmente dirigida a influenciar a una audiencia". En dicho documento se dice que se entiende por "no combatiente", "además de los civiles, aquellos militares que en el momento del incidente estuvieran desarmados y/o no estuvieran de servicio". El documento está en http://www.state.gov/documents/organization/20177.pdf. Los Patterns of Global Terrorism, 2003, publicado en abril de 2004, mantienen dicha definición aun reconociendo que "ninguna definición ha obtenido aceptación universal".

[40] Ésa es la acusación de la ACLU (Unión Americana de Libertades Civiles) a propósito de las intimidaciones sistemáticas del FBI no sólo a musulmanes y árabes sino también a opositores al régimen o, simplemente, a críticos del mismo. Marty Logan, "EEUU: El FBI apunta a la oposición", Inter Press Service en español, 20 de agosto de 2004, http://www.ipsenespanol.org/interna.asp?idnews=31112. Efectivamente, es una violencia perpetrada con fines políticos, pero no por una entidad subestatal o clandestina.

[41] http://www.state.gov/s/ct/rls/fs/2003/17067pf.htm. En español, en el "Apéndice A" de Chomsky, Noam, 11/09/2001, Barcelona, RBA Libros, 2001, con la lista inicial. La lista ha tenido altas y bajas según conviniera a la política exterior de los Estados Unidos mostrando bien a las claras que la inclusión o exclusión de un grupo en la lista de "terroristas" no tenía necesariamente que ver con su actividad. Las discrepancias entre el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa (Pentágono) fueron particularmente visibles cuando este último sacó de la lista a los Muyahidín del Pueblo Iraní (MEK) y el Departamento de Estado no lo hizo: "Un caballo de Troya de EE UU contra el régimen de Irán", El País (Madrid), 17-VIII-2004.

[42] Knowlton, Brian, "U.S. adds Basque party to terror list", International Herald Tribune (París), 8 de mayo de 2003. No fue, por tanto, un efecto de la visita sino una operación de imagen aprovechando la visita.

[43] Entre estos medios estaba la de congelar las cuentas de los declarados terroristas y establecer sistemas de vigilancia de los mismos. Los Patterns of Global Terrorism - 2003 difundido por la Oficina del Coordinador del Contraterrorismo el 29 de abril de 2004, además de contener algunos errores de cuantificación de movimientos terroristas como se reconoce en una nota inicial, incluía, por ejemplo, el hecho de que 173 países habían hecho lo primero, que más de 100 habían introducido legislación para luchar contra la financiación de los terroristas y que 84 habían creado organismos para vigilar dichos fondos. Sin embargo, fruto de la inercia de la Guerra Fría, entre 1990 y 2003 la Oficina de Control de Fondos Extranjeros abrió 93 expedientes sancionadores relacionados con el terrorismo internacional e impuso un total de 9.425 dólares en multas por violar las normas vigentes sobre su financiación. Por contra, abrió 10.683 expedientes por posibles violaciones del embargo económico contra el régimen de Fidel Castro y recogió un total de 8 millones de dólares en multas, básicamente de gente que había enviado dinero a Cuba, había tenido relaciones económicas o había viajado a la isla. Los datos aparecían en una carta que el Congreso envió a la Oficina en 2003 en la que se preguntaban si la Oficina se había adaptado a las nuevas circunstancias nacidas con el fin de la Guerra Fría y el nacimiento de la "guerra contra el terrorismo". Parece que no.

[44] Washington Post, 6-VIII-2004. Es de suponer que no se trata de un "bushismo" más, como el pronunciado por el segundo Bush por las mismas fechas: "Nuestros enemigos son imaginativos y están llenos de recursos; nosotros también. Nunca dejan de imaginar nuevas maneras de perjudicar a nuestro país y a nuestro pueblo; nosotros tampoco".

[46] No se olvide que ya el 7 de diciembre de 1987, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó, por 153 votos a favor, 2 en contra y una abstención, una resolución que condenaba el terrorismo internacional. Los dos países que votaron en contra fueron los Estados Unidos e Israel. La primera resolución con medidas contra el terrorismo internacional es de 1972.

[47] Tomado de Clemente Penalva y José María Tortosa, "Las violencias en América Latina", VV.AA., El pulso de América Latina, Fundación Seminario de Investigación para la Paz, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 2004, págs. 405-427.

[48] No lo es ni siquiera para los miembros de un mismo grupo considerado terrorista. Hay de todo. Lo mismo sucedía con los principales comandantes rebeldes según el coronel Aureliano Buendía en Cien años de soledad . "Encontró de todo: idealistas, ambiciosos, aventureros, resentidos sociales y hasta delincuentes comunes".

[49] La referencia a la necesidad de buscar las causas del terrorismo es una constante en las sucesivas resoluciones de Naciones Unidas llegando hasta el informe de 2002 del Grupo Asesor sobre las Naciones Unidas y el Terrorismo al que se puede acceder a través de http://www.un.org/spanish/terrorismo/.

[50] Comparando cristianos, judíos y musulmanes, Jessica Stern, Terror in the name of God. Why religious militants kill, Nueva York, Harper and Collins, 2003. Para las diferencias en las trayectorias y motivaciones: Isabel Pisano, Yo terrorista, Barcelona, Plaza y Janés, 2004. Para los rasgos comunes en 172 arrestados o acusados por atentados en Occidente relacionados con Al Qaeda (básicamente, su sentimiento de aislamiento al estar fuera de su propio país y su recuperación del sentido de pertenencia a través de lazos emocionales, que incluyen los religiosos, pero en los que la religión no aparece como causa central de su actividad), Marc Sageman, Understanding terror networks, University of Pennsylvania Press, 2004. Para una crítica general a este tipo de ejercicios: James Petras, "The anatomy of 'Terror Experts'", CounterPunch, 7-VIII-2004.

[51] Es perceptible la diferencia entre las reacciones de la mayoría de los estadounidenses ante el 11-S (unirse tras su Presidente que vio aumentar su popularidad incluso entre los que votan demócrata) y la de muchos españoles ante el 11-M (abandonar la práctica abstencionista y votar contra el partido del Presidente que vio disminuir su popularidad). Pero también eran diferentes, probablemente, los actores y sus pretextos. Si en los Estados Unidos parece claro, a pesar de las dudas fundadas, que el ataque fue perpetrado por Al Qaeda, no está tan claro que ése fuese el caso español donde más parece llevado a cabo por grupos inspirados en parte por los planteamientos de Al Qaeda, pero incluidos en La Base o la red. También es posible que el 11-S hubiese sido planificado para fechas anteriores (la coincidencia posterior habría sido eso, una coincidencia) y que el 11-M fuese planificado con anterioridad a la decisión de que el ejército español se incorporase a la ocupación de Irak. Véase, en particular sobre el terrorismo de red, David de Ugarte, 11 M. Redes para ganar una guerra, Barcelona, Icaria, 2004.

[52] El nuevo terrorismo transnacional no sólo crea dificultades a los ejércitos con una formación para otro tipo de guerras, según la cita de Rumsfeld recién aportada. También se convierte en un elemento más que diferencia a europeos y estadounidenses. La visión dominante en la policía de los Estados Unidos con respecto a Al Qaeda es la de una estructura piramidal, jerarquizada, casi militar, según aparece en la National Strategy for Combating Terrorism ya citada, aunque se reconoce su capacidad de inspiración para otros movimientos diferentes organizativamente, aunque semejantes ideológicamente. En cambio entre los policías europeos predomina una visión más descentralizada (y más eficaz en las nuevas circunstancias). "Les polices occidentales découvrent les nouvelles formes d'Al-Qaida", Le Monde (París), 20-VIII-2004.

[53] De hecho, no todos los miembros de una organización terrorista son terroristas ellos mismos, es decir, no todos practican el terrorismo sino que algunos se dedican a otro tipo de actividad (logística, reclutadores, contables, financiadores): Rex A. Hudson, "The sociology and psychology of terrorism", ob.cit. Es la práctica lo que convierte a alguien en terrorista, no su pertenencia a una determinada banda armada, aunque la mera pertenencia pueda ser delito. Es más complicado entender que la pertenencia a un partido sea delito, pero es legislación bastante difundida.

[54] El asesinato de Franz Ferdinand no pertenece a la misma categoría que el asesinato del presidente John F. Kennedy o a los intentos de asesinato de Ronald Reagan o de Juan Pablo II. Ni siquiera todos los asesinatos de Presidentes de los Estados Unidos pertenecen a la misma categoría y no todos pueden ser denominados "terroristas". El magnicidio o el tiranicidio no son necesariamente actos terroristas ni siquiera si los lleva a cabo un anarquista: "Stuart Christie. Militante anarquista. 'Colaboré para asesinar a Franco en el Bernabeu'", El País (Madrid), 25-VIII-2004.

[55] "A different kind of war" que diría George W. Bush. "More than a war" que dice el Informe sobre el 11-S. En todo caso, como diría Donald Rumsfeld, ya citado, una "guerra" para la que los ejércitos convencionales no están preparados. "A war that war can't win" diría Timothy Garton Ash en su diálogo con Arthur Schlesinger ("Take Two: 9/11 Letters ", The Guardian (Londres) 11-IX-2004).

[56] http://www.mindefensa.gov.co/geopolitica/documentos/20010822editorialterrorismo.html. El terrorismo es un medio más para organizaciones tan diferentes (y de fronteras tan difusas) como las citadas, además del ejército en algunos países, que también practica el terrorismo directa o indirectamente a través de paramilitares. La "guerra contra el terrorismo" sería algo demasiado ambiguo, más si, como sucede en diversos países, la definición llega a incluir las bandas juveniles o incluso los sindicatos.

[57] "Fondamentalismes", editorial, Le Monde (París), 28-VIII-2004.

[58] José María Tortosa, El patio de mi casa. El nacionalismo en los límites de la mera razón, Barcelona, Icaria, 1996.

[59] William Pfaff, "Terrorism is a tool of a greater danger", International Herald Tribune, 3 de septiembre de 2004. Una vez más: reconocer las raíces, normalmente complejas, de un acto terrorista no es justificarlo. Que tenga detrás planteamientos nacionalistas, religiosos, históricos, de acción-reacción, de venganza, de cálculo en función de oleoductos o cualquier otro, no quita horror ni rechazo. Para muchos, ninguna "causa" vale lo que una vida, pero es un principio que permite muchas interpretaciones.

[60] Negando el carácter nacionalista y afirmando el de venganza, Jean-Marcel Bouguereau, "Echec complet", Le Nouvel Observateur, 7 de septiembre de 2004. Para la acción-reacción: Kim Murphy "During school siege, Russia took captives in Chechnya", Los Angeles Times, 7-IX- 2004.

[61] Véase http://www.hrvc.net/main.htm sobre las violaciones de derechos humanos en Chechenia y, en particular, sobre el terrorismo de Estado ruso. La lista de actos terroristas relacionados con Chechenia es, sin embargo, larga e incluye la toma de rehenes relativamente frecuente. Tienen interés propio los ataques del 24 de agosto de 2004 mediante dos aviones que explotaron durante el vuelo, con dos pasajeras chechenas, una en cada avión, que no fueron reclamadas por nadie ("Attacks against Russia: Moscow's brave face", http://www.stratfor.com, 27-VIII-2004). El papel de los neoconservadores en su oposición a Putin y probablemente por motivaciones petrolíferas puede adivinarse en http://www.peaceinchechnya.org/

[62] Julian Borger y Uki Goni, "Kissinger backed dirty war against left in Argentina. Transcripts show former secretary of state urged violent crackdown on opposition", The Guardian (Londres), 28 de agosto de 2004. Eduardo Galeano llamó "terrorista" a Kissinger en La Jornada (México) 21 de septiembre de 2001, con el argumento de que los que apoyan, financian e inspiran a los terroristas son tan culpables como éstos. Parece, sin embargo, como ya se ha dicho, que es mejor reservar la palabra terrorista para los que practican directamente el terrorismo. El PSOE y el PCE pidieron al gobierno español, en 1980, información sobre "el terrorismo de Estado argentino" y sus repercusiones en España: Roberto Montoya, "El Cóndor también atacó en España", El Mundo (Madrid), 29-VIII-2004.

[63] En los últimos años del comunismo y primeros de la transición, se habló, con respecto a la Unión Soviética, de la financiación que el Mosad, servicio secreto israelí, prestaba al movimiento Pamyatpara que hostigara, mediante actos terroristas, a los judíos rusos y fomentara su emigración a Israel, legitimando así la necesidad de nuevos asentamientos en Palestina vista la "presión demográfica" de los nuevos llegados: Novedades de Moscú, 40 (1990) 16.

[64] Hay una abundante literatura sobre la pérdida de sentido de la realidad, como uno de los efectos de la vida clandestina. Pero también se puede dar esa disociación en los casos de "groupthink" de gobiernos en los que su propia dinámica les aparta de una evaluación correcta de los hechos. Irving Janis lo analizó para Bahía de Cochinos, la guerra de Corea y la de Vietnam y ha vuelto discutirse a propósito del atolladero en Irak (Irving L. Janis, Victims of groupthink, Boston, Houghton-Mifflin, 1972). Algunas tertulias radiofónicas españolas también parecen aquejadas de "groupthink".

[65] Véase VV.AA., El nuevo terrorista islamista. Del 11-S al 11-M, ob.cit., especialmente las contribuciones de Fernando Reinares, Magnus Ranstorp y Bruce Hoffman. Para una descripción de la complejidad del Islam desde el punto de vista político y también en lo que respecta a la jihad y al terrorismo, sin caer en el fundamentalismo de algunos occidentales que leen el Corán de manera literal como medio para explicar el terrorismo de Al Qaeda y semejantes, véase Cheryl Bernard, "Civil democratic Islam. Partners, resources and strategies", Rand Corporation, National Security Research Division, 2003, http://www.rand.org/publications/MR/MR1716/.

[66] Lo mismo puede decirse de los actos terroristas por parte de chechenos: que tienen un componente vengativo por lo realizado por los rusos: "Nuestras madres lloraron, que ahora lloren las vuestras", Abc (Madrid), 3 de septiembre de 2004.

[67] H.D.S. Greenway (The Boston Globe), "Al Qaeda and the bomb", International Herald Tribune (París), 23-VIII-2004. El recuerdo a la hipótesis de la venganza (acción-reacción) se hace en el contexto del libro de Graham Allison (Nuclear Terrorism: The ultimate preventable catastrophe, Nueva York, Times Books, 2004) planteando que la forma más expedita de conseguir el objetivo de la venganza es mediante un ataque nuclear contra los Estados Unidos.

[68] Para el impacto, en algunas feministas, de la existencia de torturadoras y su exhibición: Barbara Ehrenreich, "Un útero no sustituye una conciencia: Lo que me ha enseñado Abu Ghraib", http://www.zmag.net. También http://www.webislam.com/numeros/2004/259/opinion/utero_conciencia.htm

[69] Los Tigres Tamiles en Sri Lanka son los que, proporcionalmente, han producido mayor cantidad de atentados suicidas. Para el caso islámico, la hipótesis de la frustración-(auto)agresión explica mejor que las creencias la correlación entre estos atentados y hechos frustrantes producidos en Oriente Medio.

[70] Véase Debra D. Zedalis, "Female suicide bombers", Strategic Studies Institute, U.S. Army War College, junio de 2004, http://www.carlisle.army.mil/ssi/pdffiles/00373.pdf. Para el caso palestino, Yoram Schweitzer (Jaffee Center for Strategic Studies), "Female suicide bombers for God", Tel Aviv Notes, 88 (2003), http://www.e-prism.org/images/female_suicide_bomber_tel_Aviv_Note_88.doc. Ha habido casos relativamente recientes, además, en el Líbano, Sri Lanka, Chechenia y Turquía. Sobre la relativa novedad: Alexis B.. Delaney y Peter R. Neumann, "The spectacular rise of the female terrorist", International Herald Tribune, 6-IX-2004.

[71] Puede ser anecdótico, pero tiene sentido preguntarse por quién produjo la viudedad de las llamadas Viudas Negras en Chechenia. Por lo menos de algunas de ellas, visto que las víctimas civiles del ejército ruso habrían oscilado entre cincuenta mil y cien mil desde el inicio de las hostilidades en 1991. Atribuirlo al "fanatismo musulmán" parece que es condenarse a no entender qué sucede con la desesperación y el nihilismo. Steven Lee Myers "From dismal Chechnya, women turn to bombs", The New York Times, 10-IX 2004.

[72] General Wesley K. Clark (Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa desde 1997 a 2000), "Bring in the World", New Republic, 28 de mayo de 2004; Rupert Cornwell, "Bush admits he may have misjudged post-war state of Iraq", The Independent (Londres), 28-VIII-2004. En términos más generales: Anonymous, Imperial hubris: Why the West is losing the war on terrorism, Dulles, Brassey's Inc., 2004; Clark, Wesley K. ¿Qué ha fallado en Irak? La guerra, el terrorismo y el imperio americano. Barcelona, Crítica, 2004.

[73] Una de las teorías para explicar el terrorismo (la hipótesis frustración-agresión), a la que ya se ha hecho referencia a propósito del atentado suicida, encaja también en este argumento. Nunca hay un sólo elemento en una situación tan compleja como la que da origen a un movimiento terrorista, pero ésta es de particular importancia. Véase Ted Robert Gurr, Why men rebel, Princeton, NJ, Princeton University Press, 1970. Curiosamente, esta hipótesis sirve para explicar (siempre parcialmente) la reacción en los Estados Unidos buscando un chivo expiatorio sobre el que descargar su agresividad (amén de otros fines falsos y otros no declarados) y la reacción en el mundo árabe enfrentándose a los "cruzados".

[74] François Heisbourg (Director de la Fondation pour la recherche stratégique), "Accablant 6 juin 2004", Le Monde (París), 4-VI-2004.

[75] Paul Krugman (New York Times), "A Rambo coalition", International Herald Tribune (París), 25-VIII-2004.

[76] De hecho, en su política pragmática en los años 70, Henry Kissinger trasfirió datos muy sensibles de inteligencia al Gobierno chino (comunista) para azuzar su enfrentamiento con el Gobierno de la URSS (comunista también, pero enfrentado a los Estados Unidos). El enemigo de mi enemigo es mi amigo, como resultaba entonces. Véase http://www.gwu.edu/~nsarchiv/nsa/publications/DOC_readers/kissinger/tilt.htm.

[77] El Comité fue fundado en 1950 para movilizar energías contra el comunismo. En los años 70 tuvo una reedición y sirvió para fundamentar la política exterior de Ronald Reagan.

[78] Joe Lieberman y Jon Kyl, "The present danger", The Washington Post, 20-VII-2004.

[79] Michel Chossudovsky, "Coup d'Etat in America?". httP://www.globalresearch.ca, 13 de julio 2004. La falsificación y manipulación incluye los avisos sobre el nivel de amenaza terrorista y la adjudicación directa de todo lo que pase en el mundo, incluido Beslán, la insurgencia iraquí y el 11-M, a Al Qaeda. Sobre manipulaciones en torno a la seguridad, José María Tortosa, "Un mundo inseguro: Usos y abusos de la inseguridad", Aposta. Revista de Ciencias Sociales, 10 (2004), http://www.apostadigital.com.

[80] José María Tortosa, La guerra de Irak..., ob.cit., especialmente el postscriptum.

[81] Immanuel Wallerstein, "The U.S. and Europe, 1945 and Today", Commentary, nº 137, 15-V-2004, fbc.binghamton.edu/137en.htm; Id., "The changing geopolitical role of East Asia", Commentary, nº 143, 15 de agosto de 2004, fbc.binghamton.edu/143en.htm.

[82] Un artículo muy matizado del New York Times, sin negar los lazos entre los secuestradores de Beslán y Al Qaeda, se cuidaba muy mucho de identificarlos como había intentado Putin en el primer momento: C. J. Chivers y Steven Lee Myers, "Chechen rebels mainly driven by nationalism", The New York Times, 12-IX-2004.

[83] Ben Wetherall (Yale Global), "Talks can tame the growing Chechen threat", International Herald Tribune (París), 3 de septiembre de 2004; "Deadly salemate in Chechnya", editorial, New York Times, 4-IX-2004. Curiosamente, la posibilidad de negociar se ve con más facilidad para los casos ajenos que para los propios.

[84] Ha sido así en muchas ocasiones por lo menos desde 1898. Véase "Du « terrorisme anarchiste » à Al-Quaida", Le Monde diplomatique, septiembre de 2004.

[85] Benazir Bhutto, "Without a war on poverty, we will never defeat terror. Dictatorship and religious extremism are fueled by gross inequality", The Guardian (Londres), 9 de agosto de 2004.

[86] Se comprenden mejor las cosas, aunque muestran que la tarea es ingente y no tan simplista como pretenden las definiciones simples, si el caso específico de Al Qaeda se conceptualiza como el resultado del choque entre dos fundamentalismos (el estadounidense y el wahabita), como ha hecho Johan Galtung (http://www.transcend.org), o si se sitúa la cuestión en su largo contexto histórico de Palestina-Israel en particular o de las seculares relaciones entre "cruzados" y "creyentes" (o entre "judeocristianos" y "musulmanes") en general. Dejarlo en "guerra contra el terrorismo" no lleva a mucho, como acaba reconociendo el mismo presidente Bush. Cabría preguntarse si algo parecido se puede decir de la lucha contra ETA.

[87] Al Pacto por las Libertades, Josu Jon Imaz, Presidente del EBB, prefería llamarlo "pacto contra las libertades y contra el nacionalismo": El Mundo (Madrid), 12 de agosto de 2004. En el Reino Unido, la Ley sobre Antiterrorismo, Delincuencia y Seguridad faculta al ministro del Interior a certificar que un ciudadano extranjero no susceptible de deportación es un "sospechoso de terrorismo internacional" y a disponer su detención indefinida, sin cargos ni juicio. Un fallo emitido el 11 de agosto de 2004 por el Tribunal de Apelación británico establece que las "pruebas" obtenidas mediante tortura son admisibles en los tribunales del Reino Unido siempre que no hayan sido obtenidas directamente por ciudadanos británicos ni éstos hayan sido cómplices en el acto de su obtención.