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Usted
ha dicho que estar en contra de la guerra de Iraq y beber Coca Cola es
incoherente. ¿Se puede vivir en la absoluta coherencia?
Podemos vivir en ella siempre que tengamos la información pertinente.
Lo de Coca Cola es un pequeño ejemplo de un catálogo de empresas amplio.
¿El mundo
lo controlan y lo dominan los políticos o los grandes poderes económicos?
El mundo está en manos de las grandes transnacionales de tipo industrial,
de las grandes empresas financieras y de los grandes medios de comunicación.
Por suerte, estos tres poderosos grupos no van al unísono. Por ejemplo,
Bush da la cara por una camarilla petrolera y armamentista, pero quienes
mandan de verdad son: Bush padre y Cheney.
¿La guerra
de Irak es una guerra económica?
Sin duda. Es la tercera fase de un proceso que se inició con la primera
guerra de Iraq, y que continuó con la de Afganistán. Todas tienen que
ver con el petróleo. Y no se olvide que en la primera intervención en
Iraq, Estados Unidos aprovechó el momento para entrar en Arabia Saudita
(donde están los más importantes pozos de petróleo) y ya no ha salido
de allí.
¿Por qué
no interesa la guerra contra el hambre, que la podríamos ganar todos y
a todos nos beneficiaría?
La FAO pidió hace dos años que le adjudicaran cincuenta mil millones
de dólares para proveer alimentos, pero los países poderosos dijeron que
no podían con este gasto. Siete meses después, sí tenían doscientos mil
millones de dólares para financiar la guerra de Irak. ¿Por qué no se acaba
con el hambre? No lo sé.
¿Qué cifras
puede destacar del armamentismo?
Después del descenso en gasto militar de los 90, el año pasado hemos
vuelto al billón de dólares de 1987, que registró la cifra más alta. EEUU
gasta el 42% del total mundial. Por lo respecta a España, aplicando los
criterios de la OTAN, el gasto es el doble de lo que declaran los Gobiernos,
sean del color que sean. En concreto, se cifra en 6.500 millones de pesetas
diarios, un gasto escandaloso.
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