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Tras ser cesado como jefe de la Fiscalía Especial Anticorrupción, usted
pasó en 2003 a la jubilación voluntaria. ¿Qué le llevó a dejar su carrera?
El ser fiscal con dignidad, sobre todo con dignidad democrática. Mi
cese me llevaba a ser fiscal en un destino que suponía una posición subalterna
bajo la dirección del fiscal general y de otros fiscales que habían contribuido
a esa decisión. Decisión desde mi punto de vista injusta.
¿Cómo
vivió aquellos momentos?
Los viví con mucha emoción, pero sin tristeza ni melancolía. Por otro
lado, me sentí muy arropado por los compañeros de la Fiscalía Anticorrupción
y por otros, que compartieron mi indignación por la decisión tomada. Pero
como me dijo una compañera esos días, no sólo desde el Ministerio Fiscal
se puede defender la democracia y los derechos humanos. Y tenía razón.
¿Por
qué le cesó el Gobierno de Aznar?
Por los trabajos que hacíamos en la Fiscalía Anticorrupción contra
los grandes poderes económicos. Casos muy significativos, entre ellos,
el procesamiento contra Berlusconi y otros responsables de fraudes en
Tele 5. Las causas contra Alierta por información privilegiada en Bolsa,
contra Javier de la Rosa, contra el entonces ministro Josep Piqué, contra
el transfuguismo en la Asamblea de Madrid...
¿Se gana
en seguridad con la limitación de los derechos y las libertades?
No lo creo. Los únicos que ganan con estas medidas son los propios
terroristas, que son quienes quieren destruir el sistema democrático occidental;
sobre todo si se trata del llamado terrorismo internacional.
¿Qué otras
medidas serían más eficaces contra el terrorismo?
La fundamental sería la investigación de las organizaciones económicas
que hay detrás de la financiación del terrorismo. Además habría que acabar
con los paraísos fiscales, ya que son el refugio de todos los grandes
delitos del mundo. Como dice muy bien Javier Rupérez, la supresión de
estos paraísos es necesaria para acabar con el terrorismo.
¿Por qué
no se acaba con ellos?
Porque son un instrumento de la economía internacional, que favorece
la evasión fiscal masiva y que, hoy por hoy, no sé si se está dispuesto
a afrontar y a desmantelar.
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