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¿Dónde estamos?1
Hemos comprendido que la voluntad de "hacer" en la investigación para la paz no evita la pregunta de "cómo estar". La hemos vivido con tensiones y la hemos resuelto a veces con un elevado grado de perplejidad, lo que nos parece leal trasladar a nuestros amigos y amigas. Algunas tensiones han sido:
- Relación con el poder/independencia. Surgidos de una iniciativa y encargo del Gobierno de Aragón, al que agradecemos el apoyo recibido a lo largo de todas las legislaturas, vinculados también por convenio con las Cortes de Aragón y otras instituciones, se nos ha planteado en diversas formas y etapas la manera de "estar" manteniendo la independencia. Hemos tenido la ventaja de formar parte del proyecto cultural público de Aragón, de poder comparecer ante las comisiones de las Cortes, de contar con una austera financiación. Pero ha habido que evitar cualquier forma de dependencia de los poderes poííticos o financieros.
- Ámbito no académico/académico. La Fundación no está radicada en la Universidad sino en un Centro Cultural con una fuerte implantación social. Ha sido necesario “estar” aprovechando las ventajas de una mayor relación con la sociedad civil e influencia en ella, sin perder el carácter riguroso de nuestro trabajo y la relación con la Universidad. Profesores universitarios han estado ligados nuestro proyecto y en 1999 hemos firmado formalmente un Convenio de Cooperación con la Universidad de Zaragoza. Creemos que a su vez las Universidades debieran aprovechar las innegables ventajas que poseen para la investigación para la paz, pero sin dejar de plantearse esta vez desde su ladera la tensión que nosotros experimentamos desde la nuestra.
- Cercanía a los militares profesionales/capacidad crítica. Desde el principio fijamos como objetivo incluir a militares profesionales en nuestro grupo de trabajo y en nuestras relaciones, y ello quizá nos ha caracterizado. Hemos mantenido la diferencia entre el militarismo (como ideología, en la que tienen una fuerte responsabilidad los políticos y el complejo militar-industrial) de la profesión militar. Nos hemos acostumbrado a un diálogo respetuoso sin dogmatismos. Y creemos haber contribuído a desmitificar los estereotipos de cada una de las partes. Pero de ninguna manera creemos deber renunciar al carácter crítico de nuestra investigación y a las convicciones o propuestas que de ella se derivan, aunque “saber estar” ahí pueda originar incomprensiones.
- Proporción entre voluntariedad/profesionalización. Nuestra institución se ha caracterizado por la austeridad de recursos y ausencia de personas liberadas para la investigación. Contamos con la directora y con tres personas a jornada no completa responsables de mantener una infraestructura dotada de secretaría general, biblioteca y documentación. Los miembros del Seminario que aportan su saber profesional no están remunerados, lo que origina evidentes dificultades en un trabajo de investigación o en la misma vinculación. Pero ha traído como positivo un talante o mística de voluntariado, al sentirse involucrados en la tarea en un clima amistoso y respetuoso de grupo. La proporción entre voluntariedad y profesionalización no tiene por qué darse entre las personas sino quizá coexistir existencialmente en el interior de ellas.
- Macroescenario/microescenario. Más preocupados por situarnos en los grandes conflictos internacionales, podríamos quizá prestar menos atención a nuestro entorno social. Hoy está claro que la paz es indivisible y que para construir la Paz hemos de ir haciendo las paces. El concepto de seguridad humana, de desarrollo humano y de derechos humanos vincula ambos escenarios. Creemos que se nos pide saber “estar” en la frontera de ambos escenarios, aunque no siempre acertemos a hacerlo.
- Largo plazo/corto plazo. La investigación para la paz y la cultura de paz son una apuesta a largo plazo, porque la transformación de las mentes y de las sociedades es lenta. No puede estar pendiente del último acontecimiento. Pero tampoco podemos ser insensibles ante los retos del acontecer diario. Ha constituido un esfuerzo encontrar el justo lugar para “estar” entre el largo y el corto plazo.
- Deterioro de la paz/deterioro del “ecosistema” de la paz. Somos sensibles al deterioro de la paz y quizá caemos en la cuenta menos del deterioro del ecosistema de la paz, es decir, el medio ambiente sociocultural necesario para cultivar la paz. Necesitamos recuperar: un sujeto responsable, frente al espectador pasivo de la historia; la preocupación por lo público y comunitario, frente al refugio en la mera privacidad; los valores compartidos, frente al mero pragmatismo; la lucidez en el trabajo de análisis y búsqueda de mediaciones, frente al simplismo de la buena voluntad; la modestia de los pasos pequeños frente al prometeismo de las ideologías totales; el derecho a la esperanza, frente a la paralización del pensamiento único.

