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2002, con su mayoría de edad, pudo comenzar una nueva etapa. El
Centro Pignatelli y la Compañía de Jesús (titular
de este Centro), previa una amplia consulta, creyeron llegado el momento
de dotar al Seminario de personalidad jurídica propia y el 13 de
noviembre lo constituyeron ante notario en Fundación, que se rige
por estatutos donde se especifican motivaciones, fines y actuaciones.
La Fundación, privada, no lucrativa, fue inscrita en el registro
correspondiente y ha sido reconocida como entidad de carácter social
a todos sus efectos.
Su
Patronato está compuesto inicialmente por cinco miembros designados
por las siguientes entidades: uno por la Compañía de Jesús,
dos por el Centro Pignatelli, uno por el Gobierno de Aragón y otro
por las Cortes de Aragón, en su condición de instituciones
firmantes de sendos Convenios de Cooperación con la Fundación
SIP. El Patronato designa el director o directora de la Fundación
y marca, siguiendo los estatutos, las directrices para su funcionamiento.
El Consejo de la Fundación tiene carácter consultivo.
La
Fundación está vinculada también por un convenio
específico de cooperación con la Universidad de Zaragoza,
que otorga reconocimiento académico a sus cursos, y mantiene otros
convenios de diferente carácter con el Ministerio de Defensa, el
Centro de Investigación para la Paz y la Fundación para
una Cultura de Paz. Es miembro fundador de la Asociación Española
de Investigación para la Paz (AIPAZ). Desde 2004 está asociada
al Departamento de Información Pública de Naciones Unidas
en Nueva York.
¿De
dónde venimos?
Nuestra
historia comienza por la concurrencia de una serie de circunstancias.
El enfrentamiento entre los bloques alcanzó su punto álgido
a comienzo de los años 80 con la llamada Segunda Guerra Fría
y una oleada de terror recorrió Europa ante una posible catástrofe
nuclear. Con ocasión de la crisis de los euromisiles se desató
la conciencia pacifista de amplias capas de la población europea,
que asumió un creciente protagonismo público en las calles
y a través de múltiples iniciativas.
Aragón
era una de las regiones españolas con más fuerte presencia
militar, ya que albergaba la Academia General Militar, la Escuela Militar
de Montaña y Operaciones Especiales de Jaca, el Politécnico
de Calatayud, los campos de maniobras y tiro de San Gregorio, Caude y
Bardenas, importantes unidades del militares, y sobre todo la Base Aérea
utilizada por los EE.UU. (que concitaba el mayor rechazo ciudadano). Es
lógico que en Aragón surgiera también un fuerte e
imaginativo movimiento pacifista, cuyas iniciativas se multiplicaron,
alcanzando carácter emblemático el Puente por la Paz en
1983 y el Campamento de Mujeres por la Paz en 1984.
Mientras
tanto, en 1983 fue aprobado el Estatuto de Autonomía de Aragón
y las elecciones dieron paso al primer Gobierno de Aragón de la
democracia. El nuevo ejecutivo socialista, presidido por Santiago Marraco,
tenía como Consejero de Cultura a José Bada, persona clave
en nuestra historia. José Bada y el Gobierno en su conjunto creyeron
necesario incluir dentro del nuevo proyecto cultural de Aragón
la investigación para la paz. La paz -pensaban- es demasiado importante
para dejarla a la pura visceralidad de cualquier signo. Tiene que ser
objeto de investigacíón, análisis, propuestas razonadas
y debate.
A
comienzos de 1984 el Centro Pignatelli, institución cultural privada
de la Compañía de Jesús, pero con reconocida autoridad
y una fuerte implantación social, recibió del Gobierno de
Aragón y aceptó el encargo de poner en marcha una plataforma
de investigación para la paz. Coincidía con la reformulación
de la misión de los jesuítas en la que la promoción
de la fe y el trabajo por la justicia resultan inseparables. Aragón
se convirtió así en la primera Comunidad Autónoma
española que incluía la investigación para la paz
en su proyecto cultural y esta decisión ha sido confirmada posteriormente
por todos los sucesivos Presidentes autónomos de diferente signo
político y por las mismas Cortes de Aragón, ante cuyas Comisiones
correspondientes hemos comparecido. El Centro Pignatelli, al aceptar un
reto nada fácil, puso como condición su total independencia
en el trabajo a pesar de contar con el apoyo moral y económico
del ejecutivo, lo que se nos garantizó con gusto.
Durante
la primavera y verano de 1984 desarrollamos una frenética actividad.
Queríamos garantizar para el nuevo proyecto el rigor científico
en el método, la independencia en la orientación, la interdisciplinariedad
en el trabajo y el respeto mutuo en el debate colectivo. Acudimos a presentar
nuestro proyecto y a invitar a participar en él a todas las Facultades
de la Universidad y a los Colegios Profesionales. En el deseo de incorporar
al trabajo por la paz a los militares, mantuvimos entrevistas con personas
claves en el Ministerio de Defensa, Capitanía General, Academia
General Militar y Academia de Suboficiales de Talarn. Tuvimos cerca en
nuestro proceso a Pedro Arrojo y Víctor Viñuales, lo cual
nos proporcionaba la necesaria conexión con el movimiento pacifista
del que eran líderes significados. A la vez, establecimos contacto
con las escasas personas e instituciones que en la España de aquellos
años se dedicaban a los estudios para la paz, siendo especialmente
significativa nuestra relación con Mariano Aguirre, que aquel mismo
año dirigió el nacimiento del CIP en Madrid, y Vicenç
Fisas, en Barcelona. El 25 de septiembre de 1984 se pudo firmar el primer
convenio de colaboración entre la Diputación General de
Aragón y el Centro Pignatelli. El 9 de noviembre del mismo año
tuvo lugar la sesión inaugural del Seminario, no sin el recelo
de algunos sectores de diverso signo.
Veinte
años después la Fundación Seminario de Investigación
para la Paz recoge la inapreciable herencia que han dejado hombres y mujeres
de múltiples profesiones, compromisos políticos y sociales,
ideologías y credos, de dentro y fuera de Aragón, cuyos
nombres al menos aparecerán a lo largo de esta memoria. Ellos han
aportado su capacidad, su esfuerzo y su ilusión a los objetivos
del Seminario de Investigación para la Paz en un tiempo de acelerados
cambios, generando una enorme plusvalía moral e intelectual. En
su pluralidad, además de su competencia profesional, han formado
una verdadera "comunidad de solidaridad", que quisiera representar
los anhelos mejores y más justos de la gran comunidad humana. Las
circunstancias del mundo han cambiado desde 1984. Hemos comprendido que
la paz debe construirse no sólo por miedo ante una catástrofe
nuclear (entonces) o ante el terrorismo (ahora), sino porque es lo único
verdaderamente humano. Creemos que la paz es indivisible en el escenario
mundial y en nuestro pequeño entorno social. La paz es una cultura,
como intuyeron quienes nos impulsaron y como ha proclamado a solemnemente
a comienzo de milenio la UNESCO.
¿Qué
hacemos?
La Fundación Seminario de Investigación para la Paz se proyecta
desde sus comienzos en cinco líneas:
- La
creación, mantenimiento y cuidado de una biblioteca y centro
de documentación especializados, que constituye la base imprescindible
para nuestro trabajo y abiertos a personas interesadas de cualquier
profesión y procedencia.
- El
estudio y la investigación. Programamos un seminario central
interdisciplinar anual de investigación que articula nuestro
trabajo colectivo. Especialistas de todo el mundo han pasado por nuestra
casa y se han abordado a lo largo de estos años todos los temas
de importancia, según el conocido método de la investigación
para la paz: diagnóstico, pronóstico y terapia. A esta
actividad se unen los encargos de investigación personales
asumidos por los miembros de nuestra Fundación y colaboradores.
Nuestros especialistas participan como es lógico en encuentros
y congresos, tanto nacionales como internacionales. Y finalmente cursos
intensivos de inscripción abierta sobre temática no
contemplada en los programas de la Universidad, que da reconocimiento
académico a nuestras propuestas.
- La
publicaciones. Hacen llegar nuestros estudios y propuestas a los centros
de investigación, así como a las instancias de decisión
política, económica, diplomática, militar y religiosa
o a otras personas interesadas. Son de tres clases: la serie más
importante recoge los sucesivos trabajos colectivos del Seminario;
las monografías reflejan el trabajo de investigaciones particulares;
y los informes abordan cuestiones puntuales de actualidad.
- La
influencia en la opinión pública a través de
la educación, de los medios de comunicación y de los
movimientos sociales. Convocamos anualmente las Jornadas Aragonesas
de Educación para la Paz, cuyo objetivo es la formación
de educadores en la vertiente pedagógica de los temas tratados
por el Seminario. Queremos estar presentes en los medios de comunicación
a través de artículos, entrevistas, colaboraciones y
asesoramientos de diverso tipo. Y cada vez con mayor frecuencia distintos
centros universitarios y de secundaria, ONGs y movimientos sociales
solicitan nuestra contribución para impartir cursos, cursos,
conferencias y otros eventos.
- La
red de relaciones. Damos una gran importancia a trabajar en relación
con otras instituciones nacionales e internacionales. Estamos en contacto
con el sistema de Naciones Unidas, con Centros de Investigación
similares, con ONGs, y después de muchos años de trabajo
hemos sido miembros fundadores de la Asociación Española
de investigación para la Paz (cuya vicepresidencia ostenta
en estos momentos nuestra directora Carmen Magallón).
¿Dónde
estamos?
Hemos
comprendido que la voluntad de “hacer” en la investigación
para la paz no evita la pregunta de “cómo estar”. La
hemos vivido con tensiones y la hemos resuelto a veces con un elevado
grado de perplejidad, lo que nos parece leal trasladar a nuestros amigos
y amigas. Algunas tensiones han sido:
- Relación
con el poder/independencia. Surgidos de una iniciativa y encargo del
Gobierno de Aragón, al que agradecemos el apoyo recibido a
lo largo de todas las legislaturas, vinculados también por
convenio con las Cortes de Aragón y otras instituciones, se
nos ha planteado en diversas formas y etapas la manera de “estar”
manteniendo la independencia. Hemos tenido la ventaja de formar parte
del proyecto cultural público de Aragón, de poder comparecer
ante las comisiones de las Cortes, de contar con una austera financiación.
Pero ha habido que evitar cualquier forma de dependencia de los poderes
políticos o financieros.
- Ámbito
no académico/académico. La Fundación no está
radicada en la Universidad sino en un Centro Cultural con una fuerte
implantación social. Ha sido necesario “estar”
aprovechando las ventajas de una mayor relación con la sociedad
civil e influencia en ella, sin perder el carácter riguroso
de nuestro trabajo y la relación con la Universidad. Profesores
universitarios han estado ligados nuestro proyecto y en 1999 hemos
firmado formalmente un Convenio de Cooperación con la Universidad
de Zaragoza. Creemos que a su vez las Universidades debieran aprovechar
las innegables ventajas que poseen para la investigación para
la paz, pero sin dejar de plantearse esta vez desde su ladera la tensión
que nosotros experimentamos desde la nuestra.
- Cercanía
a los militares profesionales/capacidad crítica. Desde el principio
fijamos como objetivo incluir a militares profesionales en nuestro
grupo de trabajo y en nuestras relaciones, y ello quizá nos
ha caracterizado. Hemos mantenido la diferencia entre el militarismo
(como ideología, en la que tienen una fuerte responsabilidad
los políticos y el complejo militar-industrial) de la profesión
militar. Nos hemos acostumbrado a un diálogo respetuoso sin
dogmatismos. Y creemos haber contribuído a desmitificar los
estereotipos de cada una de las partes. Pero de ninguna manera creemos
deber renunciar al carácter crítico de nuestra investigación
y a las convicciones o propuestas que de ella se derivan, aunque “saber
estar” ahí pueda originar incomprensiones.
- Proporción
entre voluntariedad/profesionalización. Nuestra institución
se ha caracterizado por la austeridad de recursos y ausencia de personas
liberadas para la investigación. Contamos con la directora
y con tres personas a jornada no completa responsables de mantener
una infraestructura dotada de secretaría general, biblioteca
y documentación. Los miembros del Seminario que aportan su
saber profesional no están remunerados, lo que origina evidentes
dificultades en un trabajo de investigación o en la misma vinculación.
Pero ha traído como positivo un talante o mística de
voluntariado, al sentirse involucrados en la tarea en un clima amistoso
y respetuoso de grupo. La proporción entre voluntariedad y
profesionalización no tiene por qué darse entre las
personas sino quizá coexistir existencialmente en el interior
de ellas.
- Macroescenario/microescenario.
Más preocupados por situarnos en los grandes conflictos internacionales,
podríamos quizá prestar menos atención a nuestro
entorno social. Hoy está claro que la paz es indivisible y
que para construir la Paz hemos de ir haciendo las paces. El concepto
de seguridad humana, de desarrollo humano y de derechos humanos vincula
ambos escenarios. Creemos que se nos pide saber “estar”
en la frontera de ambos escenarios, aunque no siempre acertemos a
hacerlo.
- Largo
plazo/corto plazo. La investigación para la paz y la cultura
de paz son una apuesta a largo plazo, porque la transformación
de las mentes y de las sociedades es lenta. No puede estar pendiente
del último acontecimiento. Pero tampoco podemos ser insensibles
ante los retos del acontecer diario. Ha constituido un esfuerzo encontrar
el justo lugar para “estar” entre el largo y el corto
plazo.
- Deterioro
de la paz/deterioro del “ecosistema” de la paz. Somos
sensibles al deterioro de la paz y quizá caemos en la cuenta
menos del deterioro del ecosistema de la paz, es decir, el medio ambiente
sociocultural necesario para cultivar la paz.. Necesitamos recuperar:
un sujeto responsable, frente al espectador pasivo de la historia;
la preocupación por lo público y comunitario, frente
al refugio en la mera privacidad; los valores compartidos, frente
al mero pragmatismo; la lucidez en el trabajo de análisis y
búsqueda de mediaciones, frente al simplismo de la buena voluntad;
la modestia de los pasos pequeños frente al prometeismo de
las ideologías totales; el derecho a la esperanza, frente a
la paralización del pensamiento único.
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